Contravía Films: Somos parte del mundo

Contravía Films: Somos parte del mundo

SOMOS PARTE DEL MUNDO*

Entrevista a Óscar Ruiz Navia y Gerylee Polanco Uribe

Por:

Julián David Correa

El cine es escritura con imágenes en movimiento. Los nuevos talentos del cine colombiano son muchos, diversos e inesperados: el cine indígena, el Festival Ojo al Sancocho y el cine hecho por gente de los barrios populares de las ciudades, las empresas como Contravía Films, Burning Blue, La banda del carro rojo, Monociclo Audiovisual y Rara Colectivo Audiovisual, para mencionar algunas nuevas miradas.

En el año 2006 nació en la ciudad de Cali Contravía Films, empresa que es un ejemplo de las renovaciones de nuestro cine. Este texto realizado para la revista Cinémas d’Amerique Latine del 29es. Rencontres de Toulouse ofrece algunos elementos para entender las transformaciones del cine colombiano, y presenta la historia de la empresa Contravía Films a través de varias conversaciones sostenidas con Óscar Ruiz Navia y Gerylee Polanco. Óscar es uno de los fundadores de Contravía, y Gerylee durante nueve años hizo parte de esa empresa caleña.

 

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Aunque Colombia es un país centralista que concentra grandes poderes en Bogotá, Cali ha sido un pilar fundamental en la historia del cine. Un ejemplo: en el año 2016, durante el 21° Festival de Cine de Busan (Corea del Sur), se realizó una retrospectiva de cine colombiano que tuvo como protagonista al cine de Cali. Es gracias a la gente de Cali que se realizó la más taquillera cinta del período silente (María de Máximo Calvo, 1922), y uno de los más interesantes filmes de esa etapa: Garras de oro (P. P. Jambrima, 1926). Flores del valle (Máximo Calvo, 1941), el primer largometraje sonoro, también se creó en el Valle del Cauca, región que tiene por capital a Cali. En los años 1970, esa ciudad fue una aventura para el Grupo de Cali, unos amigos reunidos alrededor de la escritura y el cine, amigos entre quienes estaban Andrés Caicedo, Carlos Mayolo, Luis Ospina, Ramiro Arbeláez y Eduardo Carvajal. Varias palabras son hijas de ese grupo: “pornomiseria” (que Mayolo y Ospina criticaron a través del documental experimental Agarrando pueblo de 1978), “Caliwood” y “Gótico tropical”, género que se definió a partir de tres largometrajes: Pura sangre (Ospina, 1982), Carne de tu carne (Mayolo, 1983) y La mansión de Araucaima (Mayolo, 1986).

Las sombras del cine han sido una presencia constante en la luminosa Cali.

En Colombia, con excepción del período FOCINE *1, y hasta la Ley de Cultura de 1997, el cine siguió su camino sin mayor apoyo estatal *2. En 1997 se creó la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura y a partir de esa oficina un grupo de instrumentos estatales y organizaciones que incluyen a Proimágenes, a la Ley de Cine del 2003 (con su FDC: Fondo para el Desarrollo Cinematográfico), a la Academia Colombiana de Artes y Ciencias Cinematográficas, y a la Ley de Cine del 2012, entre otras.

En los muchos años de orfandad, el cine caleño no se detuvo y entre otras conquistas se tomó la televisión. Desde la Universidad del Valle y a través del canal Telepacífico, los cinematografistas caleños desarrollaron proyectos como la serie documental Rostros y Rastros (1988-2000), serie que reunió el talento de quienes hicieron parte del Grupo de Cali, junto con el de muchos otros apasionados del cine, serie que fue un invernadero para nuevas generaciones y renovadas formas de expresión.

cangrejo

 

 

En la Cali multicultural, hija de migraciones, la Universidad del Valle es el más libre de los lugares, y es el sitio en donde se formaron los creadores de Contravía Films.

Óscar Ruiz Navia es un hombre de grandes ojos, que a veces se ven despistados o alucinados, y a veces muy enfocados. Aunque a Cali la llenan la luz del sol y los hijos de África, la piel de Óscar es muy blanca.

Julián David Correa: ¿Todo empezó en la Universidad del Valle?


OscarÓscar Ruiz Navia [ÓRN]: Todo empezó un poco antes: William Vega y yo fuimos amigos desde el colegio pero sí, todos hicimos parte de la Universidad del Valle y tuvimos educaciones similares: entre otros profesores, tuvimos por maestros a Ramiro Arbeláez (que enseña historia del cine y géneros), a Óscar Campo, un tipo serio, entregado a su profesión de maestro) y a Luis Hernández, que enseña fotografía. Una persona de bajo perfil que fue muy importante para nosotros. Con él vi por primera vez fotos de la Agencia Magnum, imágenes documentales que parecían fotogramas de filmes de ficción, una combinación que he buscado con mi cine: enfrentar la realidad con herramientas sociológicas y elementos estéticos. De alguna manera él nos empezó a enseñar a escribir historias a partir de imágenes: después de ver esas fotos no era posible caminar por la calle como un peatón cualquiera.

JDC: ¿Y es con Óscar Campo que trabajaste por primera vez en un filme?


ÓRN: Con Antonio Dorado en El Rey (2004) y con Óscar en Yo soy otro (2008), aunque también William Vega está al comienzo de esta historia de rodajes: con él hicimos un corto en la universidad. En las películas de Antonio y Óscar trabajé cargando cables, en las labores más básicas que yo agradecía porque me daban la oportunidad de ver trabajar a estos realizadores y a sus directores de fotografía, y me permitían aprender: cuando terminaba mis tareas me hacía detrás de ellos y entre pausa y pausa ellos se tomaban el tiempo de enseñarme.

JDC: ¿También estudiaste unos semestres en la Universidad Nacional de Bogotá?


ÓRN: Sí, pero regresé a Cali porque había muchas cosas que no me gustaban. Lo más importante de la Universidad Nacional fue la impresión que me dio conocer a Ciro Guerra, y después ver como fue capaz de hacer con pocos recursos y de esa manera tan única La sombra del caminante (2005). Con Ciro descubrí que el cine sí es posible. Su experiencia me llevó a decidir hacer una película con un grupo pequeño, con gente debutante, una película de “pandilla”, y fue para eso que fundamos Contravía en 2006 con Marcela Gómez que es directora de arte y realizadora. Al comienzo Contravía solo era un grupo de amigos, pero al año siguiente aplicamos al FDC, y para eso se vinculó Gerylee Polanco y William Vega. Montamos la empresa para hacer la película El vuelco del cangrejo (2009), en una labor seria pero artesanal, y por eso fue una sorpresa ver todo el reconocimiento que tuvo. Para El vuelco nadie nos dio nada, pero con La Sirga (2012) recogimos los frutos de ese primer largometraje: en un año conseguimos toda la financiación. Los resultados de El vuelco nos mostraron que habíamos creado una plataforma para hacer cine.

JDC: Contravía ha tenido cambios con los años: El vuelco lo desarrollaron con Antorcha Films, y ha habido rotaciones en el equipo: como Gerylee Polanco que se acaba de retirar.

ÓRN: Sí, aunque siempre hemos sido prácticamente los mismos, han habido cambios: salió Marcela Gómez y entró Andrea Estrada, por ejemplo. Alrededor de Contravía ha habido mucha gente como César Acevedo *3 que fue asistente de producción de El vuelco, y Santiago Lozano que asistió La Sirga y El vuelco, entre otros. Santiago ha hecho documentales y con Contravía dirigió Siembra (2015). En El vuelco y La Sirga también trabajó Diana Bustamante, que tiene su propia empresa *4 y que ahora dirige el FICCI *5.

Sirga

 

 

Hace unas décadas los cinematografistas colombianos peleaban por el poco dinero de FOCINE, se inventaban cooperativas y se imaginaban coproducciones y fondos rotatorios, y en medio de la escasez, lo menos escaso eran las rivalidades. En ese contexto pocos realizadores dejaban de pensar solo en ellos y se planteaban participar en procesos que involucraran a indígenas o a personas de barrios populares. En el pasado, Marta Rodríguez y Jorge Silva fueron dos de esos creadores excepcionales, y es gracias a ellos y a Pablo Mora, y al trabajo de muchos otros mestizos e indígenas que el cine indígena colombiano existe, por ejemplo. Contravía está formada por un grupo de personas que sin dejar de pensar sus propias obras, vincula esas creaciones con las comunidades circundantes, y con ello enriquece la existencia de esas comunidades y de sus propias obras.

Gerylee Polanco Uribe es una mujer muy bonita, pequeña y morena. Siempre tiene un montón de ideas y mil soluciones en la cabeza, y en los últimos tiempos ha empezado a hablar de una manera reposada, más reflexiva y espiritual.

JDC: Un elemento de Contravía ha sido el trabajo con las comunidades con las que realizan su cine, un hecho que se acaba de ver en Siembra, pero que viene desde El vuelco del cangrejo.

GeryleeGerylee Polanco Uribe [GPU]: Es cierto. Para nosotros la relación con las comunidades empieza desde la Universidad del Valle que siempre ha fomentado la investigación y la participación social. En la universidad fundamos el foto club “Ojo rojo”. En el foto club nos reuníamos todas las semanas, desarrollamos pensamiento en relación con la fotografía e hicimos tres exposiciones colectivas. Desde el foto club montamos “Si lo ve un niño” (silove.univalle.edu.co), un gran proyecto del que hicimos parte algunos de los que luego estuvimos en Contravía. Con “Si lo ve un niño” hicimos talleres y nos acercamos a Siloé, ahí conocimos a la gente de la Asociación Centro Cultural La Red y de Tikal Producciones. Para algunos esa fue una primera experiencia de trabajo en comunidad, pero no para mí: yo había estado en la universidad en procesos de comunicación y educación popular en barrios y con indígenas, en actividades que me resultaban naturales, mi padre había trabajado en comunicación popular. También para Santiago Lozano y Ángela Osorio, los directores de Siembra, ese ha sido un tema constante: ellos han trabajado con recicladores y otros grupos. Todos confluimos en ese tema. Cuando Óscar llegó con su propuesta de hacer El vuelco, empezamos a trabajar con la comunidad de La Barra, el lugar del rodaje, en una labor que también era un trabajo de campo necesario para la película: le propusimos a la gente la realización de un taller de cine que llamamos “Minutos cerca al mar”. Luego, de entre quienes tomaron el taller, dos chicos hicieron parte del equipo de fotografía. Algo como eso ha sucedido en todas nuestras películas, como con Los hongos (2014), en donde el trabajo con artistas urbanos y otros grupos lo hicimos con Tikal de Eduardo Montenegro.

JDC: Cada filme de Contravía toma riesgos que son una muestra de las realidades del cine contemporáneo en Colombia. Con La Sirga, por ejemplo, se ensayó un estreno por Internet, y con Siembra una pareja de documentalistas incursionó en la ficción gracias a un teaser.

GPU: Sí, pero no es que fuera exactamente un teaser, en realidad antes de cada largometraje hicimos un corto que solo a veces cumplió la función de un teaser; y sí, Ángela y Santiago nunca habían hecho ficción, y como una manera de confirmar su talento y de tener una herramienta para buscar fondos, hicimos el corto Cruza.

JDC: Eso explica por qué ante Cruza uno no puede evitar preguntarse qué tiene que ver un largometraje de afrocolombianos desplazados en la ciudad, un filme lleno de música y tristeza y rodado en blanco y negro, con un corto en colores donde el protagonista es un mestizo blanco de ojos claros, solo en una casa derruida en mitad del campo, y que no dice una palabra en los 10 minutos de la historia… aunque se nota que hay un duelo que ambos filmes comparten, por supuesto.

GPU: Exacto: Cruza era un experimento para los directores, y una manera de tener algo para mostrar, pero también era una forma de explorar el alma del largometraje que íbamos a hacer.

JDC: ¿Y cómo fue lo del estreno de La Sirga por Internet?


GPU: Fue una idea que desarrollamos desde Contravía con la distribuidora Cineplex, con Black Velvet, con Young Marketing y Media Streaming. El acceso al estreno en Internet era gratuito previo un registro por correo electrónico.

JDC: ¿Y cómo estuvo?


GPU: Esa noche hubo más de 50 mil personas conectadas y luego en salas llegamos a unos 12 mil espectadores. La experiencia fue muy buena.

JDC: Y también algo paradójico si se comparan los espectadores del estreno con los que tuvieron en salas.


GPU: Sí, pero por eso mismo valió la pena hacerlo. Nuestra apuesta era demostrar que a la gente sí le interesa el cine de autor, que el cine de autor sí puede ser masivo y eso lo logramos. La idea también era darle la oportunidad de ver la cinta a muchas personas que normalmente no van a estrenos o al cine. Queríamos incentivar el boca a boca, es verdad, pero también queríamos democratizar el acceso a ese tipo de eventos. La gente podía ver el estreno desde sus casas y opinar a través de las redes sociales. Al final todo lo que nosotros hacemos es para la gente, y lo que queremos es que lo vean por los medios que sean, no solo en una sala de cine.

hongos

 

 

Hay una nueva historia del cine colombiano del que hacen parte Gerylee, Óscar y muchos más. Hoy hay muchas pantallas posibles para la escritura audiovisual, y hay equipos baratos y nuevos talentos que están encontrando en Colombia una formación universitaria que era imposible hace tres décadas. Hoy en este país hay una constelación de instituciones de apoyo al cine tan grande como nunca antes había existido.

JDC: ¿Cómo se siente pasar de ser el más chiquito del salón, a ser el que ayuda a otros?

Óscar se ríe, se ruboriza un poco y contesta con seriedad.

ÓRN: Muy bien, eso está muy bien… Cuando creamos Contravía lo hicimos para hacer una película, pero sobretodo para ser libres. Tener claridad en lo que se busca y conocer en detalle una producción nos permite no depender de nadie. Comenzamos haciendo películas de la gente de Contravía, y desde hace un tiempo empezamos a expandir nuestro trabajo: acabamos de coproducir minoritariamente una película del mexicano Rubén Imaz que se llama Tormentero (2016), y queremos seguirlo haciendo. Queremos vender servicios para rodajes en Cali y queremos hacer coproducciones. Yo empecé produciendo por necesidad y luego me di cuenta que me gustaba. Si no se sabe producir, las ideas se estancan. Somos un movimiento, no una sola voz. Cuando se camina entre varios es más difícil, pero así somos más fuertes. Hemos entendido que producir no es un sueño romántico, que se necesita mucha disciplina porque la producción también es una forma de creación.

Siembra

 

 

Gerylee y Óscar, como muchos artistas del país han superado el hecho de que para los colombianos es difícil trabajar en equipo, y encontrar aliados internacionales lo es aún más. Colombia es un país lleno de heridas que en 197 años de historia no ha conocido más de una década en paz. Los colombianos nacieron en un país del que para salir siempre era necesario obtener visas tras largos estudios en las embajadas.

JDC: ¿Cómo empezaron las coproducciones?


ÓRN: Desde El vuelco empezamos a aplicar a fondos internacionales. Lo primero que hice fue ir en el 2007 al Talent Campus del Bafici y la Berlinale en Buenos Aires, ahí entendí que existían fondos internacionales. Ir al Bafici me mostró que sí había espacios para nuestro cine. Luego me invitaron al Open Doors de Locarno, donde sentí que pertenecía a esa realidad, y allí empezó nuestro camino internacional. Los franceses de Arizona coprodujeron El vuelco y Los hongos, y Thierry Lenouvel de Ciné-Sud Promotion cofinanció La sirga. Es verdad que hemos aprendido a conseguir fondos internacionales, pero a veces el dinero no es lo más importante sino la participación de esas empresas en la distribución y en la entrada a festivales. Solecito estuvo en Cannes gracias a Arizona. En este momento estamos vendiendo más fuera que en Colombia: en Francia Los hongos hizo unos 25 mil espectadores, mientras que en Colombia no pasamos de 12 mil. En Francia tuvimos mucha publicidad, e incluso un texto en Cahiers du cinéma, mientras que en Colombia Los hongos fue casi invisible.

JDC: Acaban de regresar del festival de Busan, en donde estrenaron Epifanía. ¿Cómo les fue?


ÓRN: Muy bien, Epifanía (Anna Eborn y Óscar Ruiz Navia, 2016) tiene algo espiritual que los coreanos entendieron. Estar en Corea fue reconciliador: cuando uno viaja se da cuenta que aunque a uno no le vaya bien con la taquilla en su propio país, las películas quedan y luego podrán ser disfrutadas.

JDC: La protagonista de Epifanía es tu madre, ¿verdad?


ÓRN: Sí, y ella fue conmigo. Busan es como el Toronto International Film Festival de Asia, es extraordinario que nos hayan programado. Fui con mi madre que es la protagonista, con Juanita, una reportera gráfica que también actuó en la cinta, y con Anna, la codirectora. Fue un “parche” simpático y una sorpresa. Mis actores no conocen el guion, lo van armando a lo largo del filme porque a mí me gusta jugar con su esponta- neidad, así que mi mamá vio Epifanía por primera vez en Busan.

JDC: Eso debe haberla impactado, porque aunque la cinta es poética y contemplativa, se basa en la historia de una madre que murió de cáncer.


ÓRN: Sí, fue intenso. Ir a Busan fue un viaje espiritual, y también fue un regalo para mi madre que nunca quiso actuar en la película. Ver por primera vez la cinta fue fuerte, especialmente cuando llegó la parte de los filmes familiares que había rescata- do de un armario tras la muerte de mi abuela. Cuando mi mamá vio esa película familiar empezó a llorar.

JDC: Epifanía es un filme codirigido con una realizadora sueca, ¿cómo se dio?


ÓRN: Una cosa va llevando a otra: Epifanía está vinculada con Solecito. Ese corto empezó como una invitación de un artista danés que hace obras sensoriales con el sol, y luego llegó la selección del corto para Cannes, lo que nos sorprendió a todos. Nadie se imaginaba que un pequeño ejercicio que se hace en mitad de un casting pudiera llegar al Festival de Cannes. Después de eso nos invitaron al CPH Docs, el más importante festival de cine híbrido, se realiza en Copenhague. Al CPH Docs invitaron a directores del Sur y del Norte para buscar combinaciones. Fue por azar que nos reunieron a Anna y a mí, pero conectamos de inmediato. Ella había trabajado en la librería de la Cinemateca de Copenhague, y era toda una cinéfila. Ambos teníamos mucho en común.

JDC: ¿Y de dónde surgió la idea de hacer ese filme?


ÓRN: Hace tiempo quería hacer algo con mi madre, y Anna precisamente no quería porque su mamá murió de cáncer a los 15 años, pero al final nos encontramos precisamente por eso. Empezamos trabajando a partir de un sueño de Anna, y yo puse a mi mamá a actuar de su madre. Esa amalgama en donde no sabes qué es la verdad y qué es la mentira, eso es lo que me encanta: trabajar con gente que se representa a sí misma, pero que al estar ante la cámara son otros. Epifanía es una película que va de la oscuridad a la luz, que empieza en la ficción y termina en una “home movie”, la ficción y la muerte al comienzo, y el documental y la vida al final. Epifanía es una cinta hecha por dos cinéfilos y está llena de aventuras cinéfilas: las primeras secuencias las hicimos donde Tarkovski quema la casa en El sacrificio, rodamos en la isla de Bergman y en locaciones de sus filmes.

JDC: ¿Qué han descubierto estando en Contravía?


ÓRN: Hemos descubierto que los colombianos también somos parte del mundo, y que los cineastas todos somos como una raza global, somos gente con la que te encuentras una vez y otra y otra a lo largo del tiempo, y que hablamos un idioma común. El cine es nuestro esperanto.

Epifanía 

 

*Texto realizado para la revista Cinémas d’Amerique Latine No. 25 del 29es. Rencontres de Toulouse (Francia), festival de cine que se realiza del 17 al 26 de marzo del 2017 (www.cinelatino.fr). La revista se distribuye en papel y su versión integral (en español y francés) puede consultarse en www.revues.org

 

NOTAS

  1. FOCINE (Compañía de Fomento Cinematográfico): fundada en 1978 y liquidada en 1993.
  2. Con algunas excepciones como la Cinemateca de Bogotá, fundada en 1971, institución que en períodos oscuros se ha entendido como una sala de cine, pero que en realidad es un espacio de formación, es archivo fílmico, observa- torio de cultura cinematográfica y, en definitiva, es la oficina de la Alcaldía de Bogotá para el impulso al desarrollo audiovisual.
  3. Director de La tierra y la sombra, filme ganador de la Cámara de Oro en Cannes en 2014.
  4. Burning Blue.
  5. Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias, fundado en 1959.

JULIÁN DAVID CORREA es escritor, investigador y crítico de cine, realizador audiovisual y gestor cultural. Es “ex” de muchos oficios, entre los que se cuentan dirigir la Cinemateca de Bogotá y hacer parte del primer equipo de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura, equipo que sentó las bases para el desarrollo institucional que contribuyó a la transformación del cine colombiano. Su página: www.geografiavirtual.com

RESUMEN Entrevista sobre Contravía Films, empresa de producción caleña en la que se encuentra mucho de lo que actualmente es el cine colombiano: nuevas miradas, nuevas formas de producción y distribución, trabajo de creadores indígenas y de barrios populares, y acceso a las ventanas del mundo.

PALABRAS CLAVE cine colombiano – Caliwood – pornomiseria – cine indígena – audiovisual alternativo – cines periféricos – coproducciones – festivales internacionales de cine – cine experimental – documental – cortometraje

RÉSUMÉ Entretien sur Contravía Films, entreprise de production de Cali qui en elle-même résume une bonne partie de ce qu’est actuellement le ciné- ma colombien : nouveaux regards, nouvelles formes de production et de distribution, travail de créateurs indigènes et des quartiers populaires et ouverture sur le monde.

MOTS-CLÉS cinémacolombien-Caliwood-porno- misère – cinéma indigène – audiovisuel alternatif – cinémas périphériques – coproductions – festivals internationaux de cinéma – cinéma expérimental – documentaire – court-métrage

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