Una postal de Múnich y San Rafael

Una postal de Múnich y San Rafael

En la orilla del Isar junto a un hombre de pelo negro, una mujer rubia toma vino y come una quiche con pan. Los reflejos del agua cruzan su rostro mientras contempla las nubes blancas en el cielo azul de Baviera. La mujer suspira y el hombre le sirve otro vaso de vino. Unos niños pasan gritando y la mujer canta: “Ein kleines Stück vom grossen Glück…” El hombre sonríe y piensa decirle que en realidad no tiene idea de lo grande que es su suerte, pero en lugar de eso mira a los niños que pasaron gritando y recuerda otro río hermoso con playas cubiertas de guijarros. En Antioquia hay un pueblo por el que combaten todos los días los paramilitares y la guerrilla del ELN. El pueblo se llama San Rafael. Junto al pueblo hay un río bellísimo: el Bizcocho. Solamente los domingos, y eso si la guerra lo permite, los pobladores que aún viven en la cabecera municipal bajan hasta el río. El clima siempre es cálido y el agua fresca, y las orillas del Bizcocho están pobladas de verdes que se recortan contra las nubes blancas de Antioquia. Los paseos de olla incluyen un sancocho, unos chapuzones y un balón. Los padres y las madres se sienten orgullosos, y los niños son felices, pero siempre es necesario preguntar primero por las rutas de la guerra, y las mujeres temen que sus hombres beban tanto que no puedan marcharse pronto. Antes que llegue la noche, las orillas del Bizcocho deben regresar al silencio. En Múnich, la capital de Baviera, el río Isar recuerda al Bizcocho. En las largas tardes de verano, los fines de semana y también al mediodía, la gente llega hasta el Isar. Algunos hacen una pausa y almuerzan un sándwich. Muchos pasean en bicicleta, algunos hacen ejercicio. Cuando hace calor, las familias turcas encienden fogatas y se divierten hasta medianoche con televisores portátiles y niños que corretean. Las playas de ambos ríos están cubiertas por piedritas, y sus aguas están limpias y llenas de vida. Junto al Isar se olvida quién es el vecino y los gritos solo despiertan sonrisas. Junto al Bizcocho siempre sabes quiénes están cerca, si buscan algo en sus morrales y si podrían hacerte gritar.

Julián David Correa

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