Escrituras indígenas: Un viaje de lo íntimo a lo colectivo

Escrituras indígenas: Un viaje de lo íntimo a lo colectivo

ESTERCILIA SIMANCA PUSHAINA

Y MIGUELÁNGEL LÓPEZ:

UN VIAJE DE LO ÍNTIMO A LO COLECTIVO*

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Este ensayo contrasta las obras de Estercilia Simanca Pushaina y Miguel Ángel López, dos autores wayúu en cuyos textos se observa un viaje que es, en palabras de López: “de lo intimista, de lo individual, a una escritura de conciencia, plural, colectiva”. Se abordarán cuentos de Estercilia Simanca Pushaina como Manifiesta no saber firmar, nacido: 31 de diciembre, junto con algunos poemas de López que se encuentran en Contrabandeo sueños con Arijunas cercanos, En las hondonadas maternas de la piel y Encuentros en los senderos de Abya Yala. En ambos autores se descubre un recorrido del mundo íntimo que conecta con reflexiones colectivas: sobre su cultura, su país y su continente.

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La documentalista Priscila Padilla dijo en una entrevista:

“En el año 2010 hicimos en la Plaza de Bolívar una exposición con imágenes de las cédulas de los wayúus y con copias de documentos de la registraduría de la Guajira, y ahí fue que la gente que pasaba se dio cuenta que en esos papeles todos los wayúus habían nacido el 31 de diciembre y los nombres eran tan ridículos como Raspahierro…”

Así recuerda esta cineasta una intervención artística que por dos días se hizo frente al Congreso de Colombia, en el mismo año en que grababa el documental para televisión Nacimos el 31 de diciembre (2011). Esta obra audiovisual está basada en una investigación de la cineasta y en el cuento de Estercilia Simanca PushainaManifiesta no saber firmar, nacido el 31 de diciembre (2006), un relato que se inicia en una ranchería de la semidesértica Guajira y que en apariencia concluye cuando se arranca un afiche de detras de una puerta en la habitación de una casa; una conclusión aparente porque en realidad los efectos de esa historia llegan hasta la capital de Colombia para hacer visible una deshonra que se le impuso a los wayúus desde finales del siglo XIX.

Las de Estercilia Simanca Pushaina son palabras que cruzaron los Andes porque los viajes no son siempre físicos. En una travesía diferente, en el año 2000 en La Habana, otro autor wayúu cambió la historia de su comunidad: el libro Encuentros en los senderos de Abya Yala, ganó el Premio Casa de las Américas, uno de los más importantes de la literatura en castellano. El poemario, escrito por Migueángel López, es un viaje por América, por la Abya Yala, que se inicia en su ranchería y que sin perder su raíz llega a diferentes territorios amerindios.

Miguelángel López nació en 1965 en Carraipía, La Guajira. Su obra es también la de sus heterónimos Vito Apüshama (su primer heterónimo, un poeta que escribe con una perspectiva íntima y local, aunque también política), Malohe (acrónimo con el que firma el libro Encuentros en los senderos de Abya Yala, un autor que conecta su origen wayúu y con otras culturas amerindias) y Miguelángel Epeeyüi López-H (nombre con el que firma sus columnas del periódico El Tiempo). Miguelángel López es escritor pero también ha sido documentalista: entre 1996 y 1997 produjo gracias a una beca de Colcultura los clips conocidos como Ventanas de la Guajira, y antes había hecho documentales sobre las fiestas de El Molino (La Virgen del Rosario) y de Uribia (Festival de la Cultura Wayuu) que se emitieron por TeleCaribe.  Miguelángel López ha sido gestor cultural y activista de derechos humanos, e incluso fue candidato a la Cámara. López también hace parte de la Comisión Coordinadora de la Junta Mayor de Palabreros Wayuú, y es autor de: Contrabandeo sueños con arijunas cercanos (1992), Encuentros en los senderos de Abya Yala (2004) y En las hondonadas maternas de la piel (2010). Tiene varias obras inéditas.

En 1975, Estercilia Simanca Pushaina nació en la Guajira, en El Paraíso. Estercilia Simanca Pushaina estudió Derecho y se tituló abogada en la Universidad Simón Bolívar de Barranquilla, profesión que ejerce junto con el oficio de diseñadora de vestidos basados en mantas wayúu. Esta escritora vive y trabaja en Riohacha, y a la hora de divulgar sus textos prefiere la Internet (en el blog: http://manifiestanosaberfirmar.blogspot.com/2008/08/manifiesta-no-saber-firmar-nacidos-31.html), aunque ha publicado en papel los cuentos Manifiesta no saber firmar, nacido: 31 de diciembre, El encierro de una pequeña doncella, Pulowi de Uuchimüin y Soy venado, entre otros.

Estercilia Simanca Pushaina.

A Estercilia Simanca Pushaina y a Miguelángel López se les reconoce como escritores indígenas pero, ¿qué es la literatura indígena? La literatura indígena es la de los pueblos sin Estado, los que comparten una identidad, un origen y un territorio y han sido encapsulados por estados en cuyo gobierno no pueden participar o del cual hacen parte de una forma muy minoritaria. Esto es lo único que tienen en común las literaturas indígenas y en todo lo demás son diversas. En el caso de Miguelángel López y Estercilia Simanca Pushaina ambos comparten su lugar de origen: la Guajira de los wayúu, aunque han llevado vidas muy distintas, ambos son de clanes diferentes y el padre de Estercilia es afrodescendiente.

Miguelángel López se ha concentrado en la poesía y tiene una obra más extensa que la de Estercilia Simanca Pushaina quien ha preferido la prosa para expresarse, y sin embargo ambos autores comparten una literatura que se inicia con lo íntimo (la vida cotidiana de la familia en la ranchería, la subsistencia en la Guajira, los sueños) pero que no se queda en lo individual y pasa por las realidades y raíces de la comunidad. En ambas obras se ve un desplazamiento, no necesariamente físico, que va de lo íntimo a lo común y que incluso ha logrado transformaciones en los relatos nacionales.

Tanto la obra de Miguelángel López como la de Estercilia Simanca Pushaina están vinculadas con las escrituras audiovisuales de Colombia. Miguelángel López ha participado en la creación de documentales y su nombre hace parte del canon audiovisual del cine indígena colombiano, mientras que la escritura de Estercilia Simanca Pushaina inspiró dos obras de la documentalista alijuna Priscila Padilla: Nacimos el 31 de diciembre (2011) y La eterna noche de las doce lunas (2013). Tanto los textos de López como los de Estercilia Simanca Pushaina han tenido un reconocimiento que trasciende sus realidades inmediatas y han transformado las artes del país.

Los cuentos de Estercilia Simanca Pushaina que inspiran los documentales de Priscila Padilla son dos historias narradas por niñas, ambas en el límite de la pubertad y del ser mujer. A comienzos del siglo XXI, cuando Padilla trabajaba en una serie de documentales para televisión sobre mujeres que se dedican a la recolección de tabaco, café y algodón, conoció en Cordoba a una wayúu que le habló por primera vez del encierro que durante tres años tuvo para poder ser mujer, y le mencionó el encierro de su abuela que duró cinco años. La reacción de Padilla que, como dijo en una entrevista “Apenas si sabía dónde quedaba la Guajira”, fue de indignación y ese choque emocional fue el que la llevó a investigar el tema, a vivir por temporadas en rancherías wayúu y a realizar el documental La eterna noche de las doce lunas:

“Convivir con las mujeres wayúu fue lo más grande que me pudo pasar y me ayudó a destruir los preconceptos que tenía. Yo soy una y otra después de las Doce lunas, haciendo esa película me di cuenta que tenía que deconstruir todo lo que había aprendido sobre los pueblos indígenas y sobre hacer documentales: tuve que botar la cámara y acercarme desde el afecto, desde el ser mujer…”

Tráiler del documental La eterna noche de las doce lunas.

Esta experiencia de Priscila Padilla recuerda el poemaWoumain” (“Nuestra tierra”) de Miguelángel López:

“Cuando vengas a nuestra tierra

Descansarás bajo la sombra de nuestro respeto;

Cuando vengas a nuestra tierra

Escucharás nuestra voz, también,

En los sonidos del anciano monte.

Si llegas a nuestra tierra

Con tu vida desnuda

Seremos un poco más felices…

Y buscaremos agua

Para esta sed de vida, interminable.”

(Rocha 371)

En el proceso de investigación de La eterna noche de las doce lunas Padilla conoció a Estercilia Simanca Pushaina y leyó sus cuentos, y entre ellos Manifiesta no saber firmar, nacido: 31 de diciembre, obra en la que se inspiró para iniciar una investigación que la llevó a realizar el documental para televisión Nacimos el 31 de diciembre. En palabras de Juan Duchesne Winter, en este cuento de Estercilia Simanca Pushaina:

Imagen del documental Nacimos el 31 de diciembre..

“Su anécdota central es la práctica política de extender cédulas en masa a colombianos wayuu de toda edad y condición, para engrosar las filas de votantes de los partidos. La propia factura de estas cédulas revela la insensibilidad y desprecio colonial del Estado colombiano hacia la población indígena: aprovechándose el desconocimiento del español los nombres de miles de indígenas fueron distorsionados alevosamente (con motes como Payaso, Coito, Boca Rica y similares) y a todos se les colocaba la misma fecha de nacimiento: 31 de diciembre.” (455)

Sobre Manifiesta no saber firmar, nacido: 31 de diciembre su autora le dijo a Juan Duchesne Winter: “Cuando decidí escribir Manifiesta no saber firmar… quise defender la dignidad del wayuu.” (458) pero ese cuento también es, como la escritora establece claramente en los párrafos iniciales, un homenaje a su abuelo a quien trató de enseñar a leer y escribir, y es una fiesta de cumpleaños para todo su clan, para los Pushainas que nacieron todos el 31 de diciembre. La narradora de este cuento es una niña que no ha pasado por el encierro pero que ya está cerca de ser mujer, la apariencia de su relato es inocente pero los hechos son perversos y hay agudeza en la autora cuando engaña a los lectores con esa cortina de aparente inocencia tras la que se oculta no solo un país feudal sino el despertar sexual de una niña.

Manifiesta no saber firmar, nacido: 31 de diciembre es un cuento totalmente local: corrupción de la democracia en un rincón semidesértico del mundo donde los candidatos se comen el desayuno de la comunidad mientras le dan regalos y abrazos, le hacen promesas que incumplirán y seducen a mujeres y a niñas. El relato es local pero la corrupción que presenta pueden resonar en otros paises, y sus efectos ya son nacionales gracias al documental de Padilla, a una demanda y a los eventos de la plaza de Bolívar, entre otros sucesos. Para Estercilia Simanca Pushaina escribir conlleva una responsabilidad: la de visibilizar a su gente incluso si al hacerlo puede ser rechazada por algunos wayúus, tal como le sucedió a causa de los dos cuentos mencionados en este ensayo.

Como con Juan Rulfo, en el caso de Estercilia Simanca Pushaina no ha sido es necesario escibir mucho, solo tener claro lo que se quiere decir. La obra de Miguelángel López supera en extensión la de su coterránea pero comparte con ella la capacidad para trascender el territorio y una responsabilidad con la visibilización de su comunidad. Desde su poemario de 1992 Miguelángel López plantea la que será la misión de su obra:

“Tarashi, el Jayeechimaajachi, de Wanülümana,

ha llegado para cantar a los que lo conocen.

Su lengua festeja nuestra propia historia,

su lengua sostiene nuestra manera de ser la vida.

Yo, en cambio, escribo nuestras voces

para aquellos que no nos conocen,

para visitantes que buscan nuestro respeto.

Contrabandeo sueños con Alijuna cercanos.”[1]

(Duchesne 369)

En los poemas de Contrabandeo sueños con arijunas cercanos el yo de Vito Apüshana ya es nosotros, un nosotros unido a las aguas, a los sueños y a las aves. Sucederá lo mismo con su poemario En las hondonadas maternas de la piel, obra dividida en tres partes (La tranquilidad, La fertilidad y La infinitud) donde la voz poética combina momentos de introspección de los individuos con sus conexiones con los antepasados que mueren, con los ritos, con las raíces y con el cosmos:

“Mi tío Walatshi ha llegado de donde estaba.

Trajo, en silencio, un antiguo problema de hombres.

Le oímos resollar la ofensa… y nos observa la vida.

Su bastón de mando le ordena dibujar en la tierra.

No habrá pleito:

sus años han encontrado el oculto reposo del dolor.”[2] (34)

Y:

“Mi hermana Mariietsa ha salido del encierro.

Ya es mujer;

pronto albergará el mundo en sus adentros.

Sonreímos:

ya sabe cómo la tierra acoge a las aguas de Aquel que Llueve.”[3](44)

Miguelángel López.

La aparición del poemario ganador del Premio Casa de las Américas, Encuentros en los senderos de Abya Yala consolida una voz que viaja al encuentro del mundo sin dejar de volver constantemente a su tierra. De hecho el tema del viaje ha sido una constante en la vida de Miguelángel López y eso queda claro en su entrevista con Juan Duchesne Winter publicada en la antología wayúu Hermosos invisibles (423-432). En la entrevista López se define como parte de una “cultura anfibia” (425) que se mueve por la Guajira cambiando de idioma entre la aridez de la península y la fertilidad de la serranía del Perijá, una vida que llevó hasta los siete años cuando viajó a vivir a Riohacha y cambió el territorio por el barrio, conoció la televisión y el colegio y empezó a perder el idioma familiar que “me fue quedando casi como un baúl exclusivo ahí guardado con unas prendas atesoradas del wayuunaiki” (426). Luego, a causa de unas disputas entre clanes Miguelángel López viajó a los 12 años y vivió hasta los 22 en Medellín donde se sumó por un tiempo a la aspiración de ser profesional que “es para mí una especie de ícono occidental” (427): en Medellín se acercó a la Universidad Autónoma donde asistió a unas clases. A su regresó a la península también fue asistente en la Universidad de la Guajira. El retorno a su tierra se le impuso, como dice en la entrevista, porque “Ya el viaje me pedía volver” (429). Fue en la Guajira que empezó a escribir de verdad sin quedarse atrapado en la forma o solo en las preguntas intimistas de sus primeros poemas. En su tierra, entre los suyos, Miguelángel López entendió la importancia de la oralidad, de escuchar y de explorar el propio idioma:

“El wayuunaiki comenzó a ser muy importante, con él hice la transición de lo intimista, de lo individual, a una escritura de conciencia plural, colectiva. Supe que ahí en ese nosotros sí hay un rostro de responsabilidad, es un yo que está ligado a una suerte colectiva, no a una suerte única del individuo.” (431)

En las obras de Estercilia Simanca Pushaina y MiguelÁngel López hay responsabilidad, y ambas son un viaje de lo individual a lo colectivo que le han dado divulgación a la cultura wayúu y han enriquecido la literatura colombiana. De ambos trabajos podría decirse, como dijo Juan Manuel Roca de la poesía de Vito Apüshana, que son luces de un rincón guajiro.[4]

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Fotograma del documental La eterna noche de las doce lunas.
En Geografía Virtual se puede leer un artículo sobre este filme: http://geografiavirtual.com/2013/09/la-eterna-noche-de-las-doce-lunas-de-priscila-padilla/

*Por:

JULIÁN DAVID CORREA

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BIBLIOGRAFÍA

  • Apüshana, Vito. En las hondonadas maternas de la piel, Shiinalu’uirua shiirua ataa. Bogotá: Ed. Ministerio de Cultura, 2010. Impreso.
  • López, Miguel Ángel. Pensamiento mágico de la palabra. En: https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Escuela/XIV/vito.html . 2018, Digital
  • Apüshana, Vito. Contrabandeo sueños con alijunas cercanos. En: https://vitoapushana.wordpress.com/contrabandeo-suenos-con-alijunas-cercanos/. 1992, Digital.
  • Correa, Julian David. Entrevista con la cineasta Priscila Padilla. Bogotá, 2021.
  • Duchesne Winter, Juan. Compilador. Hermosos invisibles que nos protegen: Antología Wayuu. Pittsburgh: Ed. Universidad de Pittsburgh, 2015. Impreso.
  • Malohe. Encuentros en los senderos de Abya Yala. La Habana: Ed. Casa de América, 2004. Digital.
  • Rocha Vivas, Miguel. El sol babea jugo de piña: Antología de las literaturas indígenas del Atlántico, el Pacífico y la Serranía del Perijá. Biblioteca Básica de los Pueblos Indígenas de Colombia.Bogotá: Ministerio de Cultura, 2010. Impreso.
  • Rocha Vivas, Miguel. Palabras mayores, palabras vivas: Tradiciones mítico-literarias y escritores indígenas en Colombia. Bogotá: Ed Gerencia de Literatura de Bogotá (FUGA, Alcaldía Mayor de Bogotá), 2010. Impreso.
  • Rocha Vivas, Miguel. Pütchi Biyá Uai: Precursores. Colección Libro al Viento. Bogotá: Ed Gerencia de Literatura de Bogotá (FUGA, Alcaldía Mayor de Bogotá), 2010. Impreso.
  • Rocha Vivas, Miguel. Pütchi Biyá Uai: Puntos aparte. Colección Libro al Viento.Bogotá: Ed Gerencia de Literatura de Bogotá (FUGA, Alcaldía Mayor de Bogotá), 2010. Impreso.

NOTAS DE PIE DE PÁGINA

[1] Poema “Culturas” en Contrabandeo sueños con arijunas cercanos.

[2] Poema “Walatshi”

[3] Poema “JIerü-mma”

[4] “La poesía de Apüshana nos trae razones de la mañana, a la que considera su hermana, o de su abuela, que es el sueño. Son poemas como luces de un rincón guajiro.” (Apüshana 22)

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IMÁGENES Y VIDEOS

(1) Algunas portadas de la Biblioteca Básica de los Pueblos Indígenas de Colombia publicada por el Ministerio de Cultura de Colombia en el año 2010.

(2) Foto Estercilia Simanca Pushaina tomada de http://www.latinamericanliteraturetoday.org/es/2019/mayo/la-gran-naci%C3%B3n-wayuu-es-posible-de-estercilia-simanca

(3) Tráiler del documental La eterna noche de las doce lunas (2013) de Priscila Padilla.

(4) Imagen del documental Nacimos el 31 de diciembre (2011) de Priscila Padilla.

(5) Foto de Miguelángel López tomada de http://www.latinamericanliteraturetoday.org/es/2018/agosto/vito-ap%C3%BCshana-de-woumain-al-wallmapu-y-de-all%C3%AD-hasta-las-rocosas-de-juan-guillermo

(6) Fotograma del documental La eterna noche de las doce lunas (2013) de Priscila Padilla.

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