Semáforo (Simón Wilches Castro, 2012)

SEMÁFORO (Stoplight) from Simonwilchesc on Vimeo.

ROMPER EL CRISTAL:

SEMÁFORO DE SIMÓN WILCHES CASTRO

Simón Wilches Castro nació en Popayán en 1981. Popayán es una ciudad colonial del Sur de Colombia, es la capital del departamento del Cauca, una ciudad blanca, famosa por sus celebraciones de Semana Santa que se originan con su fundación por los conquistadores españoles en 1.537. Popayán es una ciudad reconocida por un estupendo festival gastronómico y por sus aportes al desarrollo colombiano, pero también es una capital de costumbres que perpetúan el pasado con calles llenas de iglesias.

Simón Wilches Castro salió de Popayán para estudiar Artes Visuales con énfasis en Audiovisual en la Universidad Javeriana de Bogotá, y salió de Bogotá para estudiar Animación en San Antonio de los Baños (Cuba) y una Maestría en Bellas Artes en la University of Southern California de Los Ángeles. El trabajo de Simón ha llegado a varios festivales de cine: el corto Arachne’s Weaving hizo parte de la selección oficial del Animafest del Festival de Zagreb (2004), el filme Apartments fue Primer Premio del Festival Sin Formato (Bogotá, 2006); Yaddda, Yadda, Yada, obtuvo el premio a la Mejor animación del USC Science Film Festival (Los Angeles, 2012) y Semáforo hizo parte de la selecciones oficiales del Adobe First Frame (Los Angeles, 2013), del Festival de Annecy (2013) y de Chilemonos (Santiago de Chile, 2013).

– JDC: ¿Por qué hacer animación y no otras formas de la creación audiovisual?

– SWC: Hago animación porque jamás se podrá hacer pasar como realidad. La gente cree que un noticiero o un “reality show” son la realidad y eso me parece perjudicial, pero la gente jamás creerá que un dibujo es realidad, por lo que la audiencia tiene que ser más activa. También hago animación porque es la única forma que veo capaz de ayudarme a explorar los temas que me interesan: hay experiencias que no se pueden representar estando sujeto al tiempo, al espacio, a la gravedad y al realismo… y hago animación porque me encanta dibujar.

En Colombia, la historia de la animación se inicia en 1.933 con el filme de los hermanos Acevedo, Colombia victoriosa, un noticiero que combina imágenes de ejércitos y máquinas de guerra, con fondos selváticos en donde los indígenas hacen parte del paisaje, y las noticias se ilustran con una pequeña animación que presenta el avance de navíos colombianos por las aguas del Amazonas durante la guerra contra el Perú. Un inicio de duración modesta pero grandes ambiciones: explotación de la historia para beneficio del cine y animación que sustituye la historia (otros dirán: que ilustra la realidad).

– JDC: ¿Qué opina los realizadores colombianos?

– SWC: En Colombia hay muchísimo talento humano y muchas ideas que contar en animación. Me gustaría que hubiera más espacio y apoyo para explorarlas y no tocara rebuscarse tanto la manera. Creo que la situación va mejorando poco a poco y en el Estado colombiano hay más comprensión de lo que significa hacer animación. En Estados Unidos (y otros países) he conocido a muchos animadores colombianos con una visión muy clara, produciendo trabajos de talla mundial.

– JDC: ¿Qué retos tiene el cine colombiano?

– SWC: El primer reto que tiene el cine y la televisión colombiana es buscar la manera de explorar los temas locales sin el amarillismo que tantas veces ha caracterizado las  pantallas nacionales. Hablar de los problemas como forma de buscar una salida de ellos, no revolcarnos en nuestra propia miseria por taquilla o pauta comercial. Yo digo esto a sabiendas de que mi cortometraje Semáforo puede incurrir en eso (ojalá que no), durante todo el proceso siempre tuve claro que yo no quería explotar la miseria del tema que estaba tratando, sino llamar la atención sobre la forma en que hemos aceptado esa miseria para ver si podemos romper ese vidrio de una vez.

Aunque tradicionalmente las capitales del cine colombiano han sido Bogotá, Cali y Medellín, en las últimas décadas Popayán ha empezado a surgir con realizadores audiovisuales entre los que se cuenta Simón Wilches Castro y Ana Sofía Osorio (quien junto con su pareja Diego Bustamante y con Juan Pablo Solano dirige Producción Films, empresa que en 2.012 estrenó el largometraje Sin palabras). Junto con estos creadores que colonizan la Internet y las grandes pantallas, alrededor de Popayán, en el departamento del Cauca, se ha venido desarrollando otro proceso desde los años 70 del siglo XX: un importante movimiento audiovisual indígena, que surge como la expresión política de organizaciones indoamericanas que carecen de representación en los medios tradicionales, pero que se ha ido ampliando en sus temas y aspiraciones, y que ahora es un proceso que involucra a más de una decena de etnias colombianas en la construcción de su memoria y sus relatos audiovisuales. La memoria es una de las claves del cine.

– JDC: ¿Por qué hacer una animación sobre los semáforos y la gente que hace su vida alrededor de ellos?

– SWC: Un semáforo colombiano es una combinación de talento, diversidad, angustia, color, sonidos y horror en cada parada. Las cosas que uno ve no tienen igual. Los acróbatas empíricos que le dan la talla al Circo del Sol, los menores de edad que escupen fuego, el señor vestido de Chaplin que vende marionetas de Chaplin (“El Chaplin tautológico” le digo yo), el Robocop de cartón con un letrero que dice “Dios Te Ama” y las víctimas de la violencia o la guerra que muestran sus amputaciones y sus heridas. Todos fundidos en un mismo espectáculo, todos actuando por una moneda.

Desde el año 2.011, Simón Wilches Castro vive fuera de su país. El recuerdo de los semáforos en las ciudades colombianas, que son el lugar donde retumba el  eco de las colombias que sólo se ven por retazos en los noticieros, y que se descubren detrás de los vidrios de los autos, ha acompañado a Simón de frontera en frontera.

– SWC: …Me puse a pensar que hay un efecto deshumanizante en observar estos actos tras un parabrisas, porque equipara a estos sujetos con personajes ficticios de televisión. Son figuras bidimensionales a las que podemos hacerles “zapping” cuando la luz cambie a verde y el drama de cómo llegaron a ese lugar no es más importante que la novela de las 8 o el “reality show”. Una vez tuve esa premisa conceptual clara, empezaron a aparecer los elementos que amarraban la idea del circo y la idea del semáforo con la idea de la cultura mediática que no discrimina entre la pantalla de televisión y el parabrisas del carro.

El semáforo como circo, como lugar de la cultura mediática, como rebusque y como sumidero de un país fracturado. En 2.010, Rubén Mendoza estrenó el largometraje La sociedad del semáforo, con una narrativa brutal, de personajes deformados y despojados de humanidad. El trabajo de Simón parte del mismo país atormentado, pero busca los encuentros entre los habitantes de la calle y sus espectadores.

– SWC: …Los circos de tres pistas y los tres colores del semáforo. Las motosierras que usan los malabaristas de los circos y las motosierras de los paramilitares. Los payasos policías tan famosos en los circos antiguos, con los policías payasos tan famosos por abusar de los débiles en la calle, la quebrada del vidrio para robar y la quebrada del cuarto muro en el cine y la televisión. Luego fue cuestión de tejer esos elementos en un solo viaje que absorbiera al público con movimiento, música y color para luego sacarlos de él con el mensaje de que esto no es sino una ficción que se refiere a un tema muy real. Por eso la frase al final del corto.

 

Cortometraje publicado en Geografía Virtual con expresa autorización de su autor.

Para mayor información sobre la obra de Simón Wilches Castro: www.simonwilches.com

 

 

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