De Fernando González

A MI TUMBA

El balso, las guaduas,
las tres palmas
me convidan a comprar finca
en Envigado.

Soy tan joven ahora, que
los deseos
me hacen cosquillas dolorosas.
Casi todo el día lo gasto
engañando los deseos.

Este cuerpo se me volvió
un ansioso de propiedad:
toda la luz para mí,
la noche toda para mí,
para mí «La mangada de Francisco»,
«La casa de don Álvaro»
que tiene palmera
y en donde
hicieron los santos de Envigado.

Vamos a ver fincas, le digo
a Margarita…:
Desde la mangada de los Carvajales
se ve el campanario…;
en el viejo solar del doctor Manuelito
hay palma, arizá y el canelo
único en Envigado.

Antes eran las muchachas…
Ahora son los prados
para edificar la casa
en donde vivan los pensamientos
sanos y maliciosos
como animalillos salvajes
de ojos
«más allá del bien y del mal».

Son las luces, las sombras, los
matices
que hay en el camino para
la estación,
en donde los guayacanes
hacen guiños
a mi corazón.

Un día me dije, para engañarme,
que todo era mío, porque
en todas partes
podía orinar, y pensar
echado en decúbito dorsal.

Pero ¿los pensamientos? ¿Los
pensamientos, cuidados por
dos fieros mastines
para que no los contamine
el pueblo vil?

Mi carne, alma hecha fibras,
tiembla ahora por el ansia de propiedad,
así como curva y múltiple hoja
de «La palmera de don Álvaro»
al soplo del vendaval.

Una casa, un prado, un huerto,
dos mastines, una vaca y un
Maestro.

Todo en un alto, para contemplar
el espacio
por donde llegarán
mis pensamientos.

Y para amojonarme.
Me urge el deslinde…:
unas tapias, dos mastines,
porque el contacto del
pueblo vil
me duele.

Vagar sin casa: eso
era en la juventud.
La mujer en cinta y el pensador
exigen casa, y dos mastines
para cuidar
al que llegará

Fui cazador, andarín
mirón y perseguidor;
pero ya exige
el que está para llegar
que hunda nudosas raíces
como las umbrosas ceibas
de la plaza.

Pero nada puedo comprar
y, así,
hoy me fui al cementerio
y vi
que allí abrazarán mi ansioso cuerpo
las barbudas raíces de las palmas.

¡Esa mi casa! Y los mastines
serán dos cipreses
grávidos de silencio…
Cipreses oscuros, quietos,
hieráticos mastines…
¡Esa mi casa! ¡Y todo en Envigado!

 

Fernando González, 1935

Poema publicado en:
González, Fernando. Antioquia. Medellín, Editorial Universidad de Antioquia, marzo de 1997.

Revista Antioquia en internet

Página en  internet de la Corporación Fernando González – Otraparte

 

 

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