Las luchas de independencia en el cine y la televisión de Colombia

Las luchas de independencia en el cine y la televisión de Colombia

REVOLUCIONES EN TODOS LOS FORMATOS

 

El tema de las luchas independentistas del siglo XIX, que tiene todos los elementos de un gran filme, ha estado muy poco presente en las carteleras de Colombia, probablemente por los altos costos que implica la producción de obras bélicas y de época a la vez. A pesar de esto, tanto la gran pantalla como la televisión, se han embarcado en gestas audiovisuales que logran reflejar una parte de la historia que los niños memorizan en la escuela, y lo han hecho con formas diversas que han fortalecido el talento de los creadores colombianos.

 

REVOLUCIONES EN GRAN FORMATO

La historia del cine colombiano demuestra que una de las primeras tareas de los productores fue la de mostrar a los ciudadanos un país del que se podían sentir orgullosos. Esta acción, coherente con la necesidad de construir grandes empresas cinematográficas y obtener el favor del público, cabalgó por grandes obras de la literatura nacional, por el recuento de los logros de la industria y de las músicas nacionales y, en menor medida, por la historia nacional. El primer filme del que se tiene registro que aborde el tema de las luchas independentistas es Antonia Santos (Miguel Joseph y Mayol y Gabriel Martínez, 1944), una cinta que también se conoció por el título Horizontes de gloria. El tema de la cinta es una sorpresa: en lugar de ocuparse de los famosos hombres de la historia americana, se ocupa de una mujer que fue capturada y fusilada por los españoles durante la reconquista. La película reconstruye los últimos años de la heroína santandereana, María Antonia Santos Plata, quien desde su hacienda cercana a El Socorro, y junto con varios miembros de su familia, lideró la guerrilla de Coromoro. La historia que presenta el filme es intensa, tanto en la vida política como en la vida amorosa de su protagonista. La cinta concluye con la ejecución de la criolla en la plaza principal de su pueblo. De esta cinta quedan apenas 45 segundos en el archivo de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano.

Dieciséis años después, en 1960, se estrena Antioquia, crisol de libertad (Alejandro Kerk, 1960), película que es una apología a la campaña libertadora y a la participación de Antioquia y de los antioqueños en la misma. En este punto, que coincide con el final de muchas empresas productoras de cine, las luchas de Independencia desaparecen de la gran pantalla. Otras formas de revolución empezarán a retratarse en los sesenta: descontentos, violencia política, revoluciones culturales y sociales serán llevadas a la pantalla gracias al trabajo de documentalistas como Marta Rodríguez y Jorge Silva, para poner sólo un ejemplo de la nutrida producción que se inicia en la época.

 

GRANDES CONFLICTOS EN PEQUEÑOS FORMATOS

Hacia los años ochenta, es la televisión la que recoge el concepto de superproducción y de épica audiovisual que buscaban los espectadores colombianos, abordando producciones audiovisuales que superaban cualquier antecedente cinematográfico en el país. En un primer momento de esta etapa, el reto de las empresas y los realizadores de televisión fue el de desarrollar de manera exitosa complejas producciones que implicaban grandes inversiones en dirección de arte, extras, exteriores y secuencias de batalla. Paralelamente a esta tendencia, una prioridad de los historiadores, escritores y realizadores fue la construcción de personajes cercanos a los espectadores, con base en nombres que todos conocen desde la escuela. En un segundo momento de esta etapa, y conservando la calidad de producción, se puso el acento en la complejidad de los personajes y sus conflictos, y se hizo de manera tan decidida que ya se pudo prescindir de las grandes figuras históricas para explorar los personajes cotidianos de la sociedad colonial.

Muchos productores, técnicos e historiadores son importantes en este período, pero dos nombres son fundamentales: el del guionista, director de cine, teatro y televisión Jorge Alí Triana y el del historiador y dramaturgo Carlos José Reyes. Como dice Ximena Ospina en el libro sobre los 50 años de la televisión en Colombia: “Entre 1981 y 1987 la programadora Promec emprendió un proyecto ambicioso: recrear en pequeñas miniseries, con libretos de Carlos José Reyes y la presencia de los actores más destacados del momento, los apartes más importantes de la historia colombiana. Así, dio origen a producciones comoBolívar, el hombre de las dificultades, que protagonizada por Pedro Montoya se convirtió en una de las realizaciones destacadas de la década y obtuvo el premio Esmeralda en las categorías mejor libreto y actor. También se contaron las historias de Panamá y su separación de Colombia, la de Policarpa Salavarrieta, las de Mosquera y Obando, La revolución comunera, Córdoba y Alfonso López Pumarejo, entre otras. La última serie que se sacó al aire fue La Constitución del 86, una producción espectacular que fue filmada en ciudades como Cartagena, Cali, Villa de Leyva, Bogotá y Barichara, y demandó grandes esfuerzos técnicos y de realización.” (Ver: 6)

Tanto Carlos José Reyes como Jorge Alí Triana tenían para ese entonces una vasta experiencia en teatro, en donde Triana había sido dramaturgo y director, y Reyes, dramaturgo. La investigación histórica y los guiones de una docena de series de Revivamos nuestra historia estuvieron a cargo de Carlos José Reyes. Jorge Alí Triana fue el director de casi todas esas producciones. Varias de estas series se centraron en la independencia de Colombia: José María Córdova (21 capítulos), Los Conspiradores (6 capítulos), Batalla de Boyacá y Nariño, el Precursor (24 capítulos), entre otras. De todas estas series, la más famosa fueBolívar, el hombre de las dificultades, que se emitió entre 1980 y 1981. Esta serie de 40 episodios de una hora fue transmitida en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú, Bolivia, Panamá, Costa Rica, Cuba y en la televisión hispana de los Estados Unidos. Este trabajo obtuvo varios reconocimientos que incluyen: el Premio Simón Bolívar a la mejor investigación histórica sobre el Libertador y el Premio Esmeralda al mejor libretista del año. Revivamos nuestra historiano sólo abordó temas asociados con la independencia nacional, sino con la historia del país. En una época en que se estrenaban sólo un par de largometrajes colombianos al año, fue la televisión el medio en donde los artistas y técnicos desarrollaron su oficio, y los espectadores colombianos se hicieron a un imaginario audiovisual de la nación.

También en los años ochenta y comienzos de los noventa, FOCINE, la empresa estatal que fomentaba el cine nacional, abordó algunas producciones que abordaban las luchas independentistas. Las más interesantes fueron sin duda, Ana Lenoit (Maria Emma Mejía, 1984, 21 minutos) y Canto a la victoria(Magdalena de Massonnat, 1987, 24 minutos). Ambos cortos hicieron parte de los mediometrajes de FOCINE. En la primera historia, cuatro actores bajan por el río Magdalena con el propósito de localizar los escenarios en que se desarrollará una pieza teatral. Con esta excusa, el filme narra una triste historia de amor: la de Bolívar y Ana Lenoit, una adolescente francesa que vivía en Tenerife, un pueblo a orillas del Magdalena. El breve encuentro de ambos y el amor de Ana por Bolívar, le dará a la muchacha para esperarlo la vida entera. En el corto, se mezclan las historias y los tiempos. También experimental, pero en términos técnicos, el filme Canto a la victoria presenta a Bolívar y las imágenes de las luchas de Independencia en una combinación de animación y actuaciones.

En ese mismo período, se produjeron al menos dos documentales en video vinculados con el tema: La ruta de Bolívar, perfil de un continente (Francisco Norden, 1992), audiovisual que hace un seguimiento de la ruta libertadora de Bolívar, presentando los pueblos y ciudades por los que pasó, los hechos históricos involucrados pero también los países bolivarianos. El segundo documental, Cartagena, la heroica de Indias (Pablo Mora Calderón, 1993), aunque está centrado en la historia de Cartagena desde su fundación en 1523, aborda de manera inevitable el tema, dado que Cartagena fue una de las ciudades que protagonizaron, y de manera más valerosa, las luchas por la Independencia.

 

Alrededor de este mismo período, existe una investigación de Gutiérrez y Aguilera sobre el documental colombiano. La investigación, que abarca los años que van de 1990 a 2000, incluye 175 trabajos en video. El 12% de estos trabajos tiene por tema la historia de Colombia, pero ninguno está vinculado con la Independencia. Según se revela en esa investigación, la historia llevada a la pantalla está asociada con los conflictos sociales del siglo XX: el asesinato de Gaitán, la violencia de los años cincuenta y el exterminio de la Unión Patriótica, entre otros.

 

¡FORMATOS, TODOS, UNÍOS!

En un período en donde se combina el poco cine existente con una televisión cada vez más poderosa y capaz de atraer talentos del cine y el teatro, merece un capítulo aparte la serie De amores y delitos, tres filmes realizados para televisión. El proyecto se basó en una idea original de Gabriel García Márquez. Para el desarrollo de estas películas, un grupo de historiadores recuperaron archivos judiciales del siglo XVIII en los cuales fue posible ver los motivos de descontento de los criollos y mestizos, a la vez que la vida íntima de personas ordinarias que protagonizaron las transformaciones del continente.

La historia de esta trilogía, que originalmente eran siete filmes, empieza con una combinación de elementos: de una parte, Gabriel García Márquez ha concluido su novela El General en su laberinto, que narra el viaje final de Bolívar por el río Magdalena, y permanece interesado en la exploración de las personas detrás de los personajes de la historia. De otra parte, a un importante grupo de historiadores colombianos les preocupa la poca divulgación que tienen sus trabajos, investigaciones que permanecen desconocidas para la mayor parte de los colombianos.

Es este el contexto en el que en 1991 la productora estatal Audiovisuales contrata a Gabriel García Márquez para dirigir un proceso de construcción de guiones, que escribe en su versión final Stella Malagón. El proyecto aborda los años comprendidos entre 1781 y 1816, y presenta las vidas de una generación de jóvenes criollos, encabezados por Antonio Nariño. Las historias vinculan seis relatos, en una serie que se llamará Crónicas de una generación trágica (1993), un proyecto que cumplía con llevar a la pantalla las pequeñas historias de personajes como Torres, Caldas o Nariño en medio de los grandes hechos históricos que le dieron forma a la independencia de la región. La serie está dividida en seis crónicas: 1ª. Crónica: Los comuneros (1781)2ª Crónica: Los derechos del hombre (1794)3ª Crónica: Los conspiradores (1797-1810)4ª Crónica: El florero de Llorente (1810)5ª Crónica: La patria boba (1810-1813) y 6ª Crónica: La pacificación (1813-1816). La serie entera es dirigida por Jorge Alí Triana y logra un alto nivel de calidad de producción, con más de cuatro mil extras y 72 de los más reconocidos actores del cine y la televisión colombiana, con fidelidad histórica expresada en todos los elementos del diseño de producción y dirección de arte.

Del encuentro de Gabo con la historia y con los historiadores colombianos (entre los que estaban Margarita Garrido y María Teresa Calderón), también surgió una serie de talleres de escritura alrededor de la historia de Colombia, y una segunda propuesta audiovisual que buscaba superar algunas debilidades de Crónicas de una generación trágica. Esa propuesta fue De amores y delitos, una serie de tres estupendas películas para televisión. La trilogía está conformada por: Bituima 1780 (1995), El alma del maíz (1995) y Amores ilícitos (1995).

Bituima 1780, con la dirección de Luis Alberto Restrepo (también realizador de los largometrajes La primera noche, 2002, y La pasión de Gabriel, 2009) y guión de Juana Uribe, presenta los desafueros de la familia Millán, gamonales del siglo XVIII que se apropian de todas las formas de poder en una población a lo largo de tres generaciones. El segundo filme de la trilogía, El alma del maíz, dirigido por Patricia Restrepo, con guión del actor y escritor Humberto Dorado, es una historia protagonizada por mujeres. Para los creadores del proyecto era importante explorar las realidades de las mujeres durante la colonia y escogieron para ello la historia de una revuelta encabezada por ellas, la de las chicherías de Guateque en Boyacá. Las chicherías, regentadas tradicionalmente por mujeres, son el origen de una revuelta popular cuando tratan de ser destruidas por un grupo de criollos que inician el montaje de un alambique de aguardiente. La tercera y última cinta del grupo, Amores ilícitos, escrita y dirigida por el barranquillero Heriberto Fiorillo, narra la historia de un amor imposible en Santa Fe de Antioquia en 1784. Los protagonistas de la historia son la esclava negra Felipa y el criollo Alejandro, vástago de una familia poderosa. Las leyes de la época prohíben la “degradación” de la sangre por vía del mestizaje, y la familia de Alejandro trata de evitar el romance asesinando a la muchacha y casando al hijo con otra de su clase. Las películas de la serie De amores y delitos son tres estupendos ejemplos de cinematografía nacional y fueron ganadoras de premios como el Simón Bolívar, en las categorías de dirección artística, dirección de fotografía, vestuario, maquillaje y actor para Humberto Dorado. Bituima 1780 recibió el premio Midia de España como mejor largometraje para televisión.

 

UNA FORMA FINAL: LA CARICATURA DE LOS HEROES

A finales de los años noventa, con la creación de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura y la creación del Fondo Mixto de Promoción Cinematográfica, empieza la etapa más productiva de la historia del cine nacional. En esta etapa del cine colombiano, los conflictos sociales siguen siendo los más frecuentes protagonistas de la pantalla, pero sólo en un par de casos el tema tiene que ver con las guerras de Independencias, y en ambos casos el protagonista es Bolívar: Bolívar soy yo (Jorge Alí Triana, 2002) y Bolívar, el héroe (Guillermo Rincón, 2003).

Bolívar soy yo es una carnavalesca desacralización del personaje de Bolívar. La historia es la de Santiago Miranda, un actor de televisión que lleva varios años representando a Bolívar. En un momento de las grabaciones de la serie, el actor enloquece y se niega a mostrar a un Bolívar derrotado. La locura de Miranda, y el apoyo popular, llevan al actor a buscar la conclusión del sueño de Bolívar en la Colombia de fines del siglo XX, en medio de actrices, guerrilleros y periodistas. El filme, escrito por su director, Jorge Alí Triana, está basado en sus experiencias en la producción de la serie Bolívar, el hombre de las dificultades. La cinta obtuvo el Ombú de Oro y Ombú de Plata en el festival de Mar de Plata, Argentina, el Premio del Público en Toulouse en el 2002 y el Premio del público en Lima en el 2002.

La última cinta de este viaje cronológico por las imágenes en movimiento que representan las luchas independentistas en Colombia es Bolívar, el héroe, una biografía animada de Bolívar que se realiza imitando el estilo de la más típica animación japonesa, con voces impostadas y un resultado que llama la atención más como una curiosidad que como un filme que valga la pena recordar.

Y es con una caricatura que concluye este recuento de un audiovisual colombiano que cuando se ha asomado a la historia del fin de la Colonia, ha logrado convocar grandes públicos. Aunque esos relatos han tenido por destino más la televisión que la gran pantalla, lo cierto es que han sido importantes para los colombianos, tan importantes como la televisión misma, la que hasta ahora es la más poderosa industria audiovisual del país.

 

BIBLIOGRAFÍA

1. FOCINE: Memoria Visual. Ed. Focine. Bogotá, 1990. 200p.

2. FUNDACIÓN PATRIMONIO FÍLMICO COLOMBIANO: Largometrajes colombianos en cine y video, 1915 – 2004. Ed. Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano. Bogotá, 2004. 350p.

3. Entrevistas sobre El alma del maíz y la serie Crónicas de una generación trágica:

http://www.youtube.com/watch?v=-muDFWwu6JQ

http://www.youtube.com/watch?v=hQFFoOyZHI8

4. Entrevistas sobre BITUIMA:

http://www.youtube.com/watch?v=zv6OEMxl3RM

5. www.patrimoniofilmico.org.co

6. Ximena OSPINA y Diana HERRERA: La televisión en Colombia, 50 años. Una historia para el futuro. Ed. Caracol Televisión. Bogotá, 2005.

7. Andrés GUTIÉRREZ y Camilo AGUILERA: Documental colombiano. Ed. Universidad del Valle. Cali, 2002. 226p.

 


Publicado en: Cinémas d´Amérique Latine No. 18. Ed. ARCALT, Toulouse, 2010.

Página en Internet de la Association Rencontres Cinémas d’Amérique Latine de Toulouse (ARCALT)

– Revista Cinémas d´Amérique Latine

Imagen: afiche de la película Bolívar soy yo

 

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One Response to “Las luchas de independencia en el cine y la televisión de Colombia”

  1. yolanda correa dice:

    Muy buenas películas para que los niños entiendan la historia del país.

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