Colombia en el Festival de Cine de Cannes

Colombia en el Festival de Cine de Cannes

CINE COLOMBIANO EN CANNES: PASOS ADELANTE Y TEMAS PENDIENTES*

 

Cuando se está en casa, brincando entre canales de televisión, de vez en cuando se encuentran los canales colombianos y sus noticieros. Los noticieros colombianos son indistinguibles en sus posiciones políticas o en la magra información que proveen. A lo largo de los programas de noticias, los temas culturales casi nunca aparecen. Con la excepción de eventos extraordinarios, los temas culturales son mencionados a la manera de titulares que al final del noticiero reciben la “debida atención”. La debida atención en el caso de los canales privados en Colombia, es la presentación de una ex reina de belleza ofreciendo al televidente de manera combinada, su bien construido cuerpo, la publicidad de algún producto y las notas de eventos de farándula, reinados y fiestas populares entre las que se cuela alguna información sobre hechos culturales: un premio Nobel de Literatura, el lanzamiento de un libro o una película, algún concierto u obra de teatro. Siendo así las cosas, es una sorpresa que de pronto empiecen a aparecer noticias del Festival de Cannes y del cine colombiano en el Festival. Una sorpresa aún mayor es que la cobertura del evento se repita día con día y en las noticias de todos los horarios. Lo mismo sucede en los periódicos: cápsulas cotidianas y reportajes dan cuenta de un fenómeno inusual: en el Festival de Cannes se presentan cinco largos y un cortometraje colombiano. El hecho es tan notable y la cobertura de los medios tan constante, que hasta para quienes el tema del cine colombiano nunca importó, las imágenes nacionales comienzan a ser motivo de conversación.

Cada tanto tiempo, los colombianos estábamos acostumbrados a tener la noticia de una película nacional en Cannes: Cóndores no entierran todos los días (Les condors ne meurent pas tous les jours, Francisco Norden, 1984), Rodrigo D, no futuro (Rodrigo D, futur : néant, Victor Gaviria, 1990) o La vendedora de rosas (La vendeuse de roses, Victor Gaviria, 1998), cintas que a pesar de su importancia, eran solitarias golondrinas que no importaban para la gran mayoría de los colombianos. Internacionalmente, esta exposición generaba en los espectadores profesionales la idea que el cine colombiano era poco y de pocos temas, y que estaba compuesto unicamente por dos escuelas, según decía en Cannes Julio Feo de Radio Francia Internacional: la escuela de Bogotá y la de Medellín.

PARA MOSTRAR

Según evidencian las cifras, en 2006 se estrenaron en Colombia 8 largometrajes en salas de cine y se presentaron 154 filmes internacionales. A pesar de esa diferencia, durante el 2006 el 14% de la taquilla de cine en Colombia, fue para los filmes colombianos. Durante 1997, el año en que se expidió la ley por la cual se creó el Ministerio de Cultura, la Dirección de Cinematografía y un fondo mixto de apoyo al cine (Proimágenes en Movimiento) se estrenó en las salas un largometraje colombiano, al lado de 251 largos extranjeros.

La transformación del cine colombiano es evidente desde distintos puntos de vista. Uno de los motivos y de las características más importantes de esta transformación tiene que ver con la coordinación interinstitucional: para que a Cannes llegaran cinco largometrajes, un corto y un proyecto de largometraje, fue necesario el trabajo de instituciones de muy diverso carácter, entre las que se cuentan tres ministerios de Colombia y uno francés, dos embajadas, un canal de televisión y la más grande cadena de exhibición de cine en Colombia, entre otras empresas. Todas las acciones que han definido el camino del cine colombiano en los últimos años han sido el resultado de un trabajo coordinado entre diferentes organizaciones que se encuentran en el cine como espacio de negocios o de desarrollo cultural y social.

Gracias a la coordinación de instituciones como las mencionadas, en Cannes se presentaron cuatro filmes en la sección Tous les cinémas du monde”: La sombra del caminante (Les ombres vagabondes, 2006) de Ciro Guerra, Soñar no cuesta nada (2006) de Rodrigo Triana, Al final del espectro (2006) de Juan Felipe Orozco y Bluff (2007) de Felipe Martínez.

La sombra del caminante, cierra en Cannes un recorrido que incluyó 52 festivales del mundo y diez premios internacionales, y que se inició en San Sebastián como un proyecto de Cine en construcción. El audiovisual, grabado en video y en blanco y negro, presenta a dos personajes que se rebuscan la vida en la capital de Colombia. Uno de ellos es cojo y desempleado y busca trabajo por la ciudad mientras que en el barrio la gente se burla de él. El otro protagonista vive del transporte público: transporta público a su espalda. La película presenta la amistad que se desarrolla entre ambos, aunque a lo largo del filme descubriremos que la violencia de las guerras colombianas los hizo víctimas de bandos contrarios. Ciro Guerra también participó en el taller del Festival de Cannes con el proyecto en desarrollo Los viajes del viento, proyecto que ha sido ganador del primer Latino Screenwriters Lab del Festival de Cine Latino de Los Angeles y del premio para desarrollo del Hubert Bals Fund del Festival de Rotterdam, entre otros.

Soñar no cuesta nada, producida por CMO producciones y dirigida por Rodrigo Triana, fue la cinta más taquillera en Colombia durante el 2006 (un millón doscientos mil espectadores). El filme está realizado en un esquema de producción que se acerca más al cine industrial que al de autor, y cuenta la historia de unos soldados que descubren una caleta con dinero de las FARC[1] en la mitad de la selva. La película desarrolla las transformaciones de este grupo de personajes, soldados de escasa fortuna y educación, que de pronto se apropian de un dinero que los hace millonarios.

Al final del espectro, de Juan Felipe Orozco, es una historia de suspenso, de la que se dice que antes del estreno en Colombia había vendido sus derechos al productor estadounidense Roy Lee (The Departed, Martin Scorsese, 2006). En Colombia la cinta tuvo una taquilla de 250 mil espectadores, taquilla que supera la de muchos filmes de los Estados Unidos, aunque la cifra en principio puede no parecer muy impresionante.

Bluff, de Felipe Martínez, es otra película que resultó exitosa en taquilla, y que representa un cine nacional al que le interesa atraer espectadores con historias divertidas. En esta cinta, el personaje protagónico es Nicolás, un fotógrafo a quien su esposa traiciona con su jefe, motivo por el cual Nicolás pierde esposa y empleo. En el desarrollo del filme, Nicolás encontrará una retorcida manera de vengarse. La cinta cuenta con una acertada puesta en escena y es una comedia de humor negro que utiliza algunos recursos del cine policial.

Dentro de la prestigiosa selección Quincena de realizadores, se exhibió el quinto largometraje que Colombia proyectó en el Festival de Cannes: PVC1, de Spiros Stathoulopoulos Caicedo, un realizador colombiano de padre griego, quien presentó una película realizada en un planosecuencia de 85 minutos. La cinta, interpretada por actores naturales y profesionales, contó también con el guión y manejo de cámara de su director, y presenta la terrible historia de una mujer a quien le ponen un collar bomba. Se trata de una prometedora opera prima.

El último filme de la muestra, que también se presentó en la Quincena, es el cortometraje de Andi Baiz, Hoguera, en el que un padre de familia que pasa por una crisis, decide hacer una fogata gigantesca para “celebrar” su cumpleaños. Andi Baiz es el director de Satanás (2007), un estupendo e intimidante largometraje que está basado en la novela del colombiano Mário Mendoza y en la historia de otro colombiano, de un ex soldado de los Estados Unidos, que asesinó en Bogotá a un grupo de personas a lo largo de una tarde que incluyó el homicidio de su madre y concluyó con una masacre en un restaurante.

PARA PREGUNTAR

La pregunta obvia frente a este grupo de películas es si la muestra resulta representativa del cine colombiano. La respuesta necesaria es que lo es sólo en parte: las películas que representaron al cine colombiano en Cannes no dan cuenta de la diversidad de propuestas que de manera arriesgada se desarrollan con mayor libertad en el documental y el cortometraje, aunque son una selección que señala las tendencias de un país que ha carecido de industria cinematográfica y que se esfuerza por desarrollar una producción constante y rentable, por hacer del cine un esfuerzo sostenible a largo plazo.

La búsqueda de una “industria cinematográfica” es lo primero que puede notarse en estas películas, de manera que el espectador encuentra un cine en donde todos los oficios existen y se desarrollan con el necesario talento. Una semilla de diversidad técnica y temática se descubre en estos trabajos que se sirven del cine en 35mm. tanto como del video, y en los que se puede encontrar un filme de género al lado de cintas como La sombra del caminante o PVC1. El paso siguiente al hablar de los temas de estas películas, es preguntarse por el contenido de las mismas y por la pertinencia que estos contenidos tienen en la representación de un país, una pregunta que puede resultar odiosa tanto a los realizadores, como a los esforzados productores y funcionarios públicos.

La aparición de cine colombiano en las pantallas de los exhibidores comerciales, siempre ha despertado en Colombia discusiones que tienen que ver con la imagen del país. Las personas cuyas voces hacen resonar los medios masivos de comunicación suelen plantear reclamos: proponen que el cine colombiano debe ser una vitrina que muestre lo mejor de un país conflictivo y bello. Uno de los primeros ejemplos de este fenómeno se da en la época de la cinta La tragedia del silencio (Arturo Acevedo Vallarino, 1924), de la cual se decía que la lepra del protagonista llevaría a una disminución del precio del café colombiano en el exterior; sin embargo, la queja más frecuente ha tenido que ver con la exposición de la violencia colombiana en las películas. Ha existido un prejuicio generalizado que dice que las películas que muestran nuestras violencias son las únicas que existen y que los realizadores de cine tienen la obligación “patriótica” de presentar otros temas. A esta queja, los cinematografistas han respondido con dos argumentos, el primero de los cuales es incontestable: los cinematografistas financian las películas que ellos mismos quieren hacer, de manera que el tema elegido sólo le adeuda a sus creadores. La segunda respuesta, en parte heredada de los grandes debates de los setentas, es que el cine que no se ocupa de los conflictos sociales de Colombia es un cine escapista e innecesario. La muestra de Cannes parece corroborar que el tema de la violencia social es el más frecuente en nuestro cine: cuatro de cinco largometrajes; pero esta última camada de cine colombiano también parece demostrar lo falaz del argumento que proclama a un cine que expone nuestras violencias como un cine necesario: algunas de estas cintas demuestran que en el cine colombiano es posible la exhibición de la violencia y a la vez el escapismo.

En relación con Bluff, Pedro Adrián Zuluaga, editor de la Revista Kinetoscopio, escribió:

“La omnipresente representación de la violencia no excluye que el punto de vista y la visión del mundo de las nuevas películas sea escapista. Voy a poner el caso de Bluff. Es una comedia con todos los ingredientes que los colombianos de bien rechazan, supuestamente, en las películas. Pero la gente sale feliz de la sala porque nada es cuestionado. Ocurrió lo mismo con Esto huele mal[2]. Es el discurso del conformismo institucionalizado. Estas películas pretenden ser críticas –sólo había que escuchar a Jorge Alí Triana- cuando en realidad “exudan” una perfecta sincronía con lo establecido biológica y culturalmente como destino nacional: el salvaje individualismo, la creatividad para la trampa, el entusiasmo por la ilegalidad. Nuestras últimas películas están atrapadas en ese discurso, y celebran estas “características” nacionales, incluso con escaso pudor como en Esto huele mal, Soñar no cuesta nada, El colombian dream, El trato o Dios los junta y ellos se separan[3].

Con la misma certeza, pero en contravía con lo afirmado por Zuluaga, se expresa Clara María Ochoa, la más eficiente productora de cine en Colombia, propietaria de CMO Producciones (filmes: Esto huele mal, Soñar no cuesta nada, Como el gato y el ratón, entre otros): “El cine es un instrumento para decir verdades, cuestionar y que la gente pueda reflexionar. Todas las películas que hemos hecho han sido películas donde se cuestiona, sea una comunidad o sea el ser como individuo”[4].

Ya llegarán los espectadores para ver y juzgar, pero es verdad que a pesar de la honestidad de los cinematografistas, la sensación que la mayoría y la más exitosa cantidad de largometrajes colombianos contemporáneos dejan, es la de personajes que carecen de humanidad, de un cine en donde nuestras preocupaciones se han convertido en temas útiles a un producto cultural de alguna eficiencia económica. Los conflictos de Colombia se exponen y los personajes se encuentran en conflicto, pero ni en los personajes ni en los filmes se revelan preguntas acerca de las opciones posibles. Falta profundidad ética, falta la presentación sensible de otras opciones de mundo. El cine, por supuesto, puede ser muchas cosas y es importante que en Colombia se desarrolle un cine de características industriales (con producción regular y rentable, y en contacto con el espectador), pero es inevitable echar en falta una presencia importante de otro tipo de películas, películas que sí existen, cintas como La sombra del caminante, un largometraje arriesgado como El colombian dream (Felipe Aljure, 2006) o Apocalipsur ( Javier Mejía, 2007). Apocalipsur narra una historia que parecería común en el cine colombiano, la de un grupo de jóvenes atrapados en el narcotráfico de los años ochenta. La aproximación a esta historia es lo que hace este filme único: el relato de unas amistades y de una degradación en medio de la belleza. Se trata de un filme de autor, honesto y duro, al que en ocasiones sazona el humor negro.

Aunque existen claros límites para la selección de películas al Festival de Cannes, como la necesaria exhibición en 35 mm., el año de producción o la presencia de unos filmes que no sean “demasiado” experimentales, una mirada hacia los últimos años del audiovisual colombiano muestra otras obras que representan la diversidad de nuestro cine y que podrían muy bien llegar a los festivales del mundo (como algunos trabajos lo hicieron, de hecho), se trata de filmes y videos que incluyen los cortometrajes Od, el camino (Martín Mejía, 2003 –Premio Festival de Oberhausen), La cerca (Rubén Mendoza, 2004), Xpectativa (Frank Benítez, 2005), La escalera (Andrés Barrientos, 2005) o Crucifixión (Carlos Díez, 2005), y los cortos documentales Radio Numbar (Bedoya y Gonzáles, 2005), We (Grupo Proyector, 2005) y TV o la morada de mis imágenes (Diana Giraldo, 2005), para poner algunos ejemplos. Entre los documentales necesarios para descubrir a Colombia se deben contar los largometrajes El corazón (Diego García, 2007) y Un tigre de papel (Luis Ospina, 2007). En todas estas obras el espectador encontrará imágenes que ahondan a veces con humor y a veces con poesía, en las realidades contradictorias de un país en donde no hay buenos en eterna guerra contra los malos, en un país que es como todos: un país en donde cualquier persona puede hacer daño o dar la vida.

PARA CONCLUIR

Lo sucedido en Cannes es el efecto de una política de Estado coordinada, que demuestra un conocimiento cada vez mayor de la industria del cine. Lo mejor de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura y de Proimágenes en Movimiento, es que la memoria no se pierde a pesar de los cambios de gobiernos. El balance muestra que la consistencia es fundamental para el desarrollo de una cinematografía, que pasó de años en los que no se estrenaba ni un largometraje nacional, a tres años seguidos de 8 estrenos. Esa consistencia, sin embargo, privilegia las decisiones asociadas con el desarrollo de una industria cinematográfica, dejando el cine de autor y el cine más arriesgado a las decisiones del “libre mercado”. El Estado colombiano que representan el Ministerio, Proimágenes y sus socios, sabe que existe un cine que en términos de mercado recupera su inversión sólo en los nichos y en una repercusión a muy largo plazo, pero aunque también a este cine le brinda su apoyo, ese grupo prefiere motivar de manera decidida al cine que llevará más espectadores a las taquillas y más recursos al Fondo para el Desarrollo Cinematográfico[5]. Con todo lo que se ha dicho, no se puede dejar de alabar los logros del cine colombiano de la última década, pero también quisiera creerse que el desarrollo industrial es posible junto al desarrollo de un lenguaje propio y de una actitud crítica tanto en los espectadores como en los realizadores colombianos.

*Por Julián David Correa. Publicado en Cinémas d´Amérique Latine No. 16. Ed. ARCALT, Toulouse, 2007.

Página en Internet de la Association Rencontres Cinémas d’Amérique Latine de Toulouse (ARCALT) – Revista Cinémas d´Amérique Latine

Página en internet del Festival de Cannes

 

 


[1] Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC): Grupo guerrillero que cumple 40 años de enfrentamiento con el Estado colombiano. En 2007 recibió una especial visibilidad internacional por el tema del secuestro de civiles y combatientes.

[2] Esto huele mal, Jorge Alí Triana, 2007.

[3] Pedro Adrián Zuluaga (conferencia), “¿Qué hay de nuevo en el nuevo cine colombiano?” Universidad Javeriana y Ministerio de Cultura de Colombia, Bogotá, 2007.

[4] Clara María Ochoa, “Me gusta cumplir y sacar adelante mis proyectos”, en Kinetoscopio, vol. 17, n° 79, julio-septiembre 2007.

[5] Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC): Fondo parafiscal creado por la Ley de cine (2003), para fomentar el cine colombiano con recursos obtenidos de contribuciones directas de taquilla, de productores y distribuidores, además de otros mecanismos que incluyen una exención fiscal a quienes inviertan en el cine nacional.

 

Imagen: (1) Afiche del 60a. Festival de Cine de Cannes. (2) Fotograma de La sombra del caminante.

 

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One Response to “Colombia en el Festival de Cine de Cannes”

  1. Salomé dice:

    Muy interesante. Gracias por las referencias. El artículo original aparece en línea, es del 2008. http://www.cinelatino.com.fr/sites/default/files/lesdocs/cinemas_damerique_latine_n16_2008.pdf

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