François Ozon en Toronto

BAJO LA CAPA DE OZON*

Durante la entrevista realizada a François Ozon, delante de un grupo de cinéfilos y estudiantes, la organizadora encargada de dialogar con el director francés se ve nerviosa. Ozon en cambio, bromea, mira a la mujer con malicia y responde con frases a la vez sólidas y juguetonas. Ozon parece un galán del cine y su estilo es elegante y desenfadado. Durante el Festival de Toronto y a pesar de la cantidad de talentosos realizadores y de estrellas, François Ozon ha sido uno de los directores que mereció prensa y frecuente atención. El interés que su trabajo ha despertado ha sido tanto, que incluso en Colombia se han estrenado dos de sus filmes: Bajo la arena (2000) y 8 Mujeres (2002).

François Ozon nació en Paris en 1967. Obtuvo su Maestría en Cine en Paris I, y en 1990 ingresó en la FEMIS para estudiar dirección cinematográfica. Ya desde el bachillerato, Ozon realizó numerosos cortos con la cámara Super8mm. de su padre. Antes de graduarse en la Sorbone y durante su período universitario realizó unos cuarenta cortos en video, Super8, 16 y 35mm. Su filme, Une Robe d’été (Un vestido de verano, 1996) obtuvo el primer premio del festival de Locarno y Sitcom (1998), su primer largometraje argumental, hizo parte de la Selección oficial de la Semana internacional de la crítica en el Festival de Cannes[1].

El trabajo de Ozon ha recibido muchos calificativos: perverso, intimista, iconoclasta, denso, elegante y banal, entre otros. Las comparaciones que se hacen de su obra con la de otros autores, incluyen al maestro de los musicales Vincente Minelli, a Alfred Hitchckok, al profundamente ético Eric Rohmer y a Claude Chabrol. Sin ninguna duda, versátil es el calificativo que mejor le sienta a Ozon.

PEQUEÑOS AMORES CLIVADOS POR EL TEMOR.

A pesar de la corta edad de Ozon, su filmografía puede ya dividirse en etapas con tratamientos diferentes. El motivo de estas diferencias está tanto en su abundante obra, como en una de las respuestas dadas en Toronto:

“La inspiración para cada uno de mis filmes proviene de distintos lugares. En mi trabajo en el plató y en el guión trato siempre de ahondar en el estilo que cada idea me propone, sin fijarme en los límites que mi propio estilo me impone. En general me gusta utilizar elementos de todos los géneros que amo: filmes de familia, de horror, gore, melodrama, farsa, etc.”

En el caso del corto Verdad o pena (Action Vérité, 1994), como en los cortometrajes incluidos en Historias de cama (Scènes de lit, 1998), el espectador se encontrará con un tema común: lo que parece ser un juego, una situación apaciguante o una incipiente relación de pareja, conducirá a un descubrimiento que en la mayoría de los casos horroriza y asquea. Este descubrimiento siempre involucra el sexo. En realidad, Ozon considera que todos sus filmes tienen el mismo tema: en la búsqueda de sí mismo o en un juego, una persona se revela ante sí y lleva a otros a descubrirse[2].

Dentro de este primer grupo presentado, el corto Verdad o pena, merece resaltarse como la obra de un artista agudo e intimista: es un filme con pocos y cerrados planos, con diálogos sencillos y cotidianos, que en su simplicidad saben revelar el aterrorizante paso de la niñez a la adolescencia. La historia es simple: unos jóvenes hombres y mujeres juegan con una botella a la verdad o la pena. Quien resulte seleccionado deberá responder con honestidad una pregunta o someterse a un castigo. Las preguntas y los castigos, como es de suponer en esa edad, están cargados de contenidos sexuales y conducirán a sorpresas.

Los cortos de Ozon, como sus largometrajes, muestran relaciones familiares destruidas o en riesgo de destrucción desde dentro: por el asco, por las mentiras y por las taras infantiles. Estéticamente, este primer grupo de películas está marcado por la simplicidad y la inteligencia en el uso de los recursos: diálogos de sencilla apariencia pero de preciso uso, planos cercanos, ausencia casi total de elementos que acompañen a los actores. Ozon demuestra en estos trabajos el talento de quien no requiere adornos para expresarse.

Dentro de este grupo pero con un tratamiento visual diferente y un mayor dominio de la dirección de fotografía, está el sobresaliente cortometraje  La Petite Mort (1995). Esta pequeña y precisa obra recuerda tanto en su tema como en su fotografía al film de Atom Egoyan: Family Viewing (1987), en donde los fragmentos de imágenes tratan de reconstruir el pasado y las relaciones. En el caso de Ozon, la historia trata de un joven fotógrafo homosexual, quien centra su obra en el retrato del orgasmo de sus amantes. Este fotógrafo rechazado por su familia tratará (en un intento de aproximación a su odiado padre) de recobrar su pérdida a través de fotografiar a escondidas su cuerpo desnudo y agónico en la cama del hospital.

El artista que Françoise Ozon revela en La Petite Mort no es muy diferente de sus talentosos primeros trabajos, en cambio el artesano ha evolucionado: el Ozon guionista toma mayores riesgos, y el cinematografista demuestra mayor pericia y una evolución en el dominio de todos los elementos que componen un filme.

Como punto final de esta etapa, y en una situación que muchos cinematografistas desearían, está la sátira familiar que constituye su primer largometraje: Sitcom (1998). La historia de este filme es la de una familia de clase media, que vive en los suburbios y cuyos valores y vínculos se ven confrontados por tres hechos: uno de los más pequeños hermanos descubre su homosexualidad, la hermana mayor trata de suicidarse y revela sus tendencias sadomasoquistas, y el padre de la familia introduce a su amante y a través de ella a su marido, un oscuro personaje apodado “La Rata”.

 

UN ANTINATURALISMO QUE NOS RESULTA FAMILIAR.

Con el sorprendente Gotas de agua sobre piedras calientes (Gouttes déau sur pierres brûlantes, 1999) y con Los amantes criminales (Les Amants Criminels, 1999), un thriller y bizarro cuento de hadas, inicia Ozon al filo del 2000 una nueva etapa.

Sobre Los Amantes ha dicho Ozon:

“Comenzó con una historia real de dos jóvenes que se embarcan en una oscura jornada homicida después de ver el filme Natural Born Killers, pero yo no traté de hacer una historia realista con esto. En lugar de eso, me di cuenta que existen muchísimos puntos en común entre las historias reales y los cuentos de hadas; ambas son oscuras, vinculadas con temas similares –asesinato, incesto, suicidio.” [3]  

La historia de Los Amantes es la de la pareja de bachilleres Alice y Luc, quienes por decisión de Alice, deciden matar a Saïd, su compañero de clase. El homicidio se ejecuta y los jóvenes marchan al bosque para deshacerse del cuerpo, pero en el camino se perderán y creerán encontrar refugio en la cabaña de un guardabosque, en donde el verdadero cuento (¿o pesadilla?) de hadas tendrá lugar.

En este filme, no sólo demuestra Ozon un control total de los elementos que componen una historia totalmente cinematográfica (no ya literaria o teatral), sino que se lanza de lleno en la combinación de géneros: el filme contiene tanto elementos de las “true stories” hollywoodenses, como de los filmes de Disney y el gore, en una combinación que parecería inconcebible. Dentro del conjunto de retos que Ozon asumió en esta cinta, lo que narrativamente más le interesó como guionista, fue mostrar en una mujer la crueldad que usualmente suele adjudicarse a los hombres.

Con la obsesiva atención que Françoise Ozon ha exhibido por las relaciones de pareja disfuncionales y por los secretos que asaltan a sus personajes desde el armario, no resulta extraño que en 1999 realice una adaptación de una pieza teatral que Fassbinder escribió a los 19 años. El resultado de esta reelaboración es Gotas de agua sobre piedras calientes, un filme en donde los personajes están presos en su pasado y en su paso a la adultez. La obra original de Fassbinder muestra, al igual que Los Amantes de Ozon, relaciones humillantes, fundadas en el sometimiento y la objetualización de otros seres humanos. Ozon pretendió con esta cinta hacer un homenaje a Fassbinder, cuyo trabajo conoció tardíamente, apenas a  los 22 años. Este homenaje, empero, no es el de un cinéfilo o un historiador, sino el de un creativo cineasta: Ozon respetó la estructura de la obra original, pero exploró el espíritu de Fassbinder y su trabajo en otras cintas (la historia está llena de guiños a películas como Un año con 13 lunas y Las amargas lágrimas de Petra von Kant, entre otras).

En la exploración que Ozon realiza con Gotas de agua sobre piedras calientes, lo más sorprendente no son los diálogos precisos, que son cualidad tanto de Fassbinder como de los primeros trabajos de Ozon, o las variaciones que en la historia Ozon realiza sobre la obra original, sino la puesta en escena: este joven realizador ha escogido por primera vez una fotografía colorida y unas actuaciones que en medio del drama que corresponde a este tipo de historia, viran hacia el musical. Como sucederá en 8 Mujeres, en esta cinta la historia se ve fragmentada por secuencias musicales.  8 Mujeres y Gotas son dos películas afines: en ambas Ozon realizó filmes anti-naturalistas, centrados en la estilización y en la exaltación de la belleza y del glamour. En sus entrevistas, Françoise Ozon ha declarado ser muy conciente del efecto que estos rompimientos tienen en el público. Para él como creador de lo que se trata es de jugar siguiendo su instinto y su placer, y le satisface el efecto que esto tiene en el espectador: saber que en todo momento se está contemplando una película y no un fragmento de la realidad.

En 8 Mujeres (2002), esta búsqueda antinaturalista se exacerba. 8 Mujeres es la historia de un grupo de féminas atrapadas en una casa en el invierno: en secreto, una de ellas ha asesinado al patriarca y el desarrollo de la historia demostrará que todas tuvieron buenos motivos para ese homicidio. El argumento de esta historia haría predecible un tratamiento retorcido y victoriano como se da en las novelas de Agatha Christie, o un filme oscuro y atemorizante, pero aquí lo que el público encuentra es a las más importantes actrices de Francia (Catherine Deneuve, Danielle Darieux, Virgine Ledoyen, Firmine Richard, Emanueelle Beart, Isabelle Huppert, Ludivine Sagnier y Fanny Ardant), perfectamente peinadas y vestidas y, además, cantando. El filme ha sido calificado como el resultado de una combinación entre Hitchcock y Vincente Minelli. El guión de 8 Mujeres es la adaptación de una pieza teatral de los años sesenta escrita Robert Thomas. Desde años atrás, Ozon estaba interesado en la realización de un filme en el que sólo actuaran mujeres, y tras muchas difíciles búsquedas, su productor encontró esta obra. En un primer momento, para Ozon la pieza resultaba muy convencional en lo narrativo e ideológico, pero al trabajar el guión (junto con Marina del Van) empezó a introducir cambios en la historia y los personajes. Ozon pudo en este filme incluir sus observaciones acerca de las mujeres y sus conceptos acerca de las relaciones familiares. A medida que se aclaraba el tema del guión, el tratamiento visual fue surgiendo como una necesidad: una ubicación en los años cincuenta (con lo que eso implica para la dirección de arte), se imponía para justificar mejor el ambiente y el aislamiento de los personajes. La admiración de Ozon por los musicales de los cincuenta orientó al equipo de arte y fotografía en el uso del color, que pretende acercar este filme a la calidez del Technicolor.

La transformación de una obra de suspenso para teatro en un musical resulta sorprendente. Las secuencias musicales fueron decididas sobre melodías bien conocidas en Francia y son momentos de protagonismo de estas grandes actrices, a la manera de monólogos en los que pueden revelar otros ángulos y debilidades (¿quién podrá olvidar alguna vez lo mal que bailó aquí Catherine Deneuve?). Tanto en el declarado uso del color en los personajes (que los acerca a las máscaras), como en estos monólogos musicales, Ozon estructuró el relato de forma similar al teatro griego.

Después de ver un filme como 8 Mujeres y Gotas de agua,  se diría que el estilo de François Ozon está claramente definido, pero justamente antes de 8 Mujeres, y como una prueba más de su versatilidad, este director realizó Bajo la arena (Sous le Sable, 2000), cuya protagonista es Charlotte Rampling, en un filme de detalles, en donde una mujer no puede aceptar la muerte de su esposo. En esta cinta nada hay de musicales o de color, es una obra de cámara excelentemente ejecutada, que podría adjudicarse a grandes y conservadores maestros del cine francés.

Tras tantas y tan exitosas contradicciones, ¿qué podría decirse de François Ozon? Ante todo, que es un verdadero artista, sólo guiado por sus búsquedas y su pasión. También podría decirse que es un cinematografista a quien vale la pena seguirle el paso y, que a pesar de su pose personal y de su aparente banalidad, es un talentoso ser humano que nos muestra de manera profundamente estética, facetas de nuestras constantes contradicciones.

*Por Julián David Correa. Publicado en el balance del Toronto International Film Festival 2002 de la Revista Kinetoscopio

Página en internet de la Revista Kinetoscopio

Página en internet del TIFF

 Imagen: fotograma de la película 8 mujeres

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