31o. Festival de Cine de Toronto

31o. Festival de Cine de Toronto

31º. FESTIVAL INTERNACIONAL DE CINE DE TORONTO: EL PULSO DE UN TIEMPO

 

Cuando el Festival Internacional de Cine de Toronto se aproxima a su fin, es inevitable recordar que es un festival que se inició hace 31 años, como una muestra de exigente selección pero modestas proporciones, un encuentro que no entregó premios ni trató de destacarse por invitar estrellas, y que gracias a esas condiciones ha llegado a ser una cita que en el año 2006 presenta más de 350 películas de 62 países, escenario que entre sus actores tiene a Pedro Almodóvar, Rachel Weisz y Brad Pitt. Un festival que se ha convertido en el mejor de los resúmenes del año y en el más importante mercado de cine del continente americano.

Durante el año 2006, como en la anterior versión del Festival, la presencia del cine iberoamericano no fue tan destacada como se hubiera querido. Los que nacimos en el universo mestizo y cervantino de Iberoamérica, sentimos que no estuvimos suficientemente representados. ¿Estuvo presente América Latina? Una respuesta posible se dio con la proyección de El Cantante, producción de la estrella estadounidense Jennifer López, sobre la vida del maestro de la salsa, Héctor Lavoe. Este filme resultó estremecedoramente emocional: una serie de videos musicales y conciertos, que en medio del universo anglo de Toronto, erizaban la piel. El filme juega con la estética del videoclip y del documental, pero no tiene por protagonista ni a Lavoe, ni a un buen guión, ni a la historia de la salsa, sino a Jennifer López, quien interpreta a la esposa del cantante, y que se impone en cada secuencia. La protagonista de este filme es la propietaria del dinero y de los medios: JLo.

¿Son posibles las cinematografías atrapadas entre los poderes del dinero, las censuras o las miserias? Sí, son posibles. Un ejemplo que presentó el Festival de Toronto fue un documental sobre el cine iraní (Iran: Una revolución cinematográfica). Cuando se habla con cualquier iraní en las calles de Teherán, prácticamente la primera pregunta es: ¿Y usted qué opinaba de Irán antes de venir? A los iraníes los acosa una duda que parece colombiana: ¿Cómo ve a nuestro país el mundo? ¿Piensan que somos malos? Hacia el final del documental francés, Iran: Une Révolution cinématographique (de Nader Takmil Homayoun), un funcionario iraní afirma: Nuestro lema fue al comienzo: “Que haya un filme iraní en cada festival de cine”, pero con el tiempo también se ha convertido en: “Y que cada filme iraní participe de un festival”. A pesar de la estricta censura y las distancias con Occidente, la galería de premios del cine persa cubre las paredes de una habitación entera, e incluye Palma de oro en el Festival de Cannes. Los investigadores del documental concluyen: El cine de Irán le ha dado a su país el reconocimiento y el lugar en el mundo que todos los iraníes buscan.
A pesar de una escasa presencia de los artistas de lengua hispana, hasta el Festival de Toronto llegaron valiosos filmes como Volver, la última película de Almodóvar, que fue muy bien recibida e inició la campaña de Penélope Cruz por el Oscar. Se proyecto también Babel, tercera cinta de Alejandro González Iñárritu, producto de su exitosa colaboración con el escritor Guillermo Arriaga, un filme que tuvo los mayores aplausos y una de las mejores publicidades. La cinta de los mexicanos es contemporánea tanto en su estética, como en la manera en que disuelve fronteras: yendo de Japón a Marruecos y de México a Estados Unidos, como clara evidencia de un mundo en donde a pesar de los nuevos muros (Estados Unidos lo levanta ante México, e Israel ante sus hermanos musulmanes), un mundo en donde todos estamos fatalmente conectados.

Babel provoca reflexiones, como mucho de lo presentado en el Festival. Contemplando las películas de este 31º encuentro, es inevitable pensar en las realidades contemporáneas: en la economía y la política, y en las versiones brutales de ambas: las guerras. Hollywood y los medios masivos de comunicación proclaman que las imágenes en movimiento son escapismo, pero los directores de cine y los curadores de un festival como el de Toronto, nos demuestran que no, que incluso las lejanas películas de época o las de ciencia ficción, alertan sobre las realidades que nos rodean. Muchos son los ejemplos que ofrece el Festival: D.O.A.P., Amazing Grace (Michael Apted. Reino Unido), The Journals of Knud Rasmussen (Kunuk y Cohn. Canadá y Dinamarca), la animación Renaissance (Christian Volckman. Francia, Luxemburgo y Reino Unido), o los documentales The Prisoner or: How I Planned to Kill Tony Blair (Tucker y Epperlein. Alemania) y Shame (Mohammed Naqvi. Paquistán y EEUU), entre otros. El más llamativo ejemplo de esta pequeña lista es D.O.A.P.

Con lleno total y con funciones adicionales se proyectó la película británica D.O.A.P. (Death of a President, del médico y realizador, Gabriel Range), una ficción, un falso documental que muestra los motivos, las circunstancias y las consecuencias del homicidio del presidente de los EEUU, George W. Bush. Con este filme nadie quiso alarmar a CNN y nadie se llamó a engaños: el hecho no había ocurrido, pero las filas para entrar a la proyección daban vuelta a la manzana, y recordaban cámara ardiente o parranda. A la entrada de las salas donde se presentaba D.O.A.P., los paquetes se revisaban y durante la proyección había siempre un agente del orden que observaba a los espectadores con lente de visión nocturna, probablemente para evitar copias piratas del filme, pero resultó curioso que fuera esa la única película que contó con ese tipo de vigilancia. Días antes, el partido Republicano de los Estados Unidos había mandado una carta a Piers Handling, Director del Festival, manifestándose en contra de la presentación de la cinta.

En un Occidente que se proclama adalid de la libertad, la censura explícita y la del supuesto mercado son comunes. Ya lo dijo Lenin y lo aplicó el nazi Goebels: El cine es la más poderosa herramienta para transformar los pueblos. El capital de los gobernantes rige los medios: crea listas negras, aplica morales audiovisuales que tachan sanitarios y cópulas, e impone sus productos en los mercados globales. El cine es el poder que coloniza la imaginación para crear sueños de parejas rubias y consumo ilimitado.

Para ver con mirada crítica no es necesario el panfleto cinematográfico o volver al Cine pobre latinoamericano, también las grandes producciones muestran que la búsqueda de la libertad y la identidad son necesarias y enfrentan enemigos comunes a través de la historia. Un ejemplo: Amazing Grace, película típicamente de época, que presenta la Inglaterra de finales del siglo XVI, contexto en donde un joven y talentoso político trata de acabar con la esclavitud. La cinta enarbola como motor del conflicto y como documento, los obstáculos de esa lucha: las concesiones con lo banal de los pudientes, y la muralla del verdadero poder que está tras lo político: el dinero. Se trata de un filme de gran presupuesto que incluye perfecta fotografía, romance y hermosos decorados, pero que revela unas convicciones humanistas que en el siglo XXI se enfrentan a los mismos enemigos. Tal vez esta cinta en otro espacio, rodeada de otras películas o de las crispetas del cine dominical, no parecería tan potente, no se revelaría tan coherente con la búsqueda de tantos artistas y tantas comunidades subyugadas, pero Toronto es un lúcido lente para revelar la verdad de los filmes.

Los festivales que acogen el cine del mundo son necesarios, el festival de Toronto y los audiovisuales de países como Colombia, son ejemplos de otras opciones de realidad. Toronto demuestra que el cine también ofrece imágenes de una diversidad posible, de una valoración de la diferencia y de la búsqueda de una propia identidad.

De manera evidente (como en el caso de D.O.A.P.), con abordajes poéticos e incluso con ingenuidad, Toronto proyectó películas que mostraban el ejercicio del poder en la historia y en el futuro. Muestra de ello es la animación Renaissance, obra de un talentoso artesano francés, que plantea una historia clásica de serie negra ubicada en un futuro de alta tecnología. A pesar del orgullo francés por su lengua y su cultura, la animación habla inglés. El realizador acude al inglés para buscar mercados internacionales, y en la película promociona la multinacional Motorola. Irónicamente, el cuento que cuentan estos dibujos, es el de una sociedad donde los poderosos pueden cambiar la genética y la verdad de la historia para seguir en el poder y en los beneficios de una exitosa facturación. Renaissance: coherencia accidental de fondo y producción, que resulta en una verdad revelada con ingenuidad.

Sin ninguna candidez, sin obviedades y con la forma de una ficción que recurre a lo etnográfico, se proyectó la puesta en escena de los diarios de un aventurero danés (que en 1922 exploró el Ártico): The Journals of Knud Rasmussen. Los diarios y la película, nos muestran como el hambre y el cristianismo destruyeron una cultura. El supuesto de la civilización se impuso a través del cerco del hambre, y una sociedad tuvo que renunciar a sus dioses y a su cosmos para poder comer.

Los documentales tuvieron importantes espacios en el 31º. Festival de Toronto: desde el extenso filme de Spike Lee sobre el desastre del Katrina en New Orleans (When the Levees Broke: A Requiem in Four Acts), pasando por la denuncia de la “justicia” estadounidense en Irak y en el mundo (The Prisoner or: How I Planned to Kill Tony Blair), e incluyendo un trabajo de apariencia modesta y “políticamente correcta”: Shame.

El documental Shame, cuenta la historia de una joven violada en el Paquistán rural (violación impuesta como castigo a la familia de la muchacha). El audiovisual presenta la lucha de esta musulmana por obtener justicia y reparación, una batalla necesaria. Las cámaras muestran cómo la protagonista obtiene apoyo internacional y consigue que algunos de sus violadores vayan a la cárcel, y como con el dinero de la indemnización, funda una escuela y se convierte en símbolo de desarrollo cultural y del respeto a la mujer. El tono inicial del video suena apologético, pero el documento revela con sutileza como el éxito de esa lucha, es utilizado por la revista Time y otros medios masivos de Occidente, y como esta mujer se convierte en otra mercancía mediática.

Para los que se escapan a través del cine, y para los que descubren el mundo a través de las imágenes animadas, vale la pena participar del Festival Internacional de Cine de Toronto. Es verdad que en esta versión del encuentro de Toronto no se proyectó todo el cine del mundo, ni su selección fue una deliberada declaración a favor de la diversidad cultural (o una denuncia de los abusos del poder), pero también es cierto que los filmes presentados en este Festival representaron el pulso de nuestros cines y nuestra época: las películas de la muestra evidenciaron la existencia de otras cinematografías, y esas imágenes revelaron realidades que Hollywood y los medios encubren con oropel. La existencia de tantos cines y de tantos artistas es una esperanza. La continuidad de espacios como el Festival de Toronto arrojan luces para otros caminos.

 

Publicado en laRevista Kinetoscopio No. 76, 2006

Página en internet de la Revista Kinetoscopio

Imágenes: (1) Fotograma de la animación Renaissance  (2) Afiche del filme Babel (3) Afiche del documental  When the Levees Broke: A Requiem in Four Acts

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