Federico García Lorca: Oda a Walt Whitman

No hay nada oculto en “Oda a Walt Whitman”, todas las cartas están sobre la mesa: el erotismo y la belleza, la ciudad llena de rincones para el amor o para el sexo, la prostitución y la promiscuidad, la admiración por Whitman, la pasión por la poesía y las palabras que humillan a los hombres homosexuales. En el poema está la desmesura, el hollín y la rudeza de una ciudad que no para de trabajar, la ciudad “de alambre y muerte”, en la que el poeta recuerda la pureza y el espíritu vegetal de Walt Whitman quien, como él, es homosexual: “los maricas, Walt Whitman, te señalan. / ¡También ese! ¡También! Y se despeñan / sobre tu barba luminosa y casta”. Nada está oculto, tampoco los ataques que llevan a los homosexuales a ocultarse: “los maricas, Walt Whitman, los maricas, / turbios de lágrimas, carne para fusta, / bota o mordisco de los domadores.” En el centro del libro con el que Federico García Lorca hace una crónica de Nueva York está este poema que también es una crónica de su vida como persona homosexual.

El hablante implícito de “Oda a Walt Whitman” es el mismo autor, no hay velos, tal y como pasa en Manifiesto (Hablo por mi diferencia) de Pedro Lemebel:

“No soy Pasolini pidiendo explicaciones

 No soy Ginsberg expulsado de Cuba

No soy un marica disfrazado de poeta

No necesito disfraz

Aquí está mi cara

Hablo por mi diferencia

Defiendo lo que soy”

Mientras que nada está oculto en el poema de Federico García Lorca, su cadáver nunca fue encontrado y aún se desconoce la razón exacta de su asesinato, de su fusilamiento en Granada el 18 de agosto de 1936, apenas un mes después del golpe de Estado que inició la guerra civil española en la que, entre otras fuerzas sociales, gran parte del ejército y la iglesia católica se unieron para derrocar a un gobierno que había sido elegido en las urnas, que creía en la separación entre la iglesia y el Estado, que legalizó el divorcio e hizo que las mujeres tuvieran más oportunidades, entre muchos otros cambios. No hay registros de Federico García Lorca con un arma en la mano o de que estuviera afiliado al partido comunista o a los socialistas o anarquistas, sólo se sabe que García Lorca llevaba en la mano su pluma de poeta y en sus gestos sus plumas de hombre homosexual.

Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros, Granada, el 5 de junio de 1958, hijo de padre hacendado y madre maestra de escuela, dramaturgo y poeta de la generación del 27 español, García Lorca fue amigo de Manuel de Falla, Luis Buñuel y Salvador Dalí, entre otros artistas de la época. El poema “Oda a Walt Whitman” hace parte de libro Poeta en Nueva York, ciudad que conoció en 1929 durante un año de viajes que lo llevaron también a Cuba. La segunda república española se proclamó el 14 de abril de 1931, y la Constitución de 1931 introdujo cambios que se fortalecieron con un gobierno socialista que fue mayoría hasta las elecciones de 1933 que dieron el poder a una coalición de partidos de derechas que rigió el parlamento del 33 al 35.  En enero de 1936 el Frente Popular, un movimiento que agrupaba a todos los partidos de izquierda obtuvo la mayoría parlamentaria, gobierno que el general Franco y sus acólitos derrocaron. En ese ambiente crispado Federico García Lorca empezó a ser atacado por diversas personas e instituciones:

       “Desde 1935 fue considerado un enemigo de la derecha. La revista satírica antirrepublicana Gracia y Justicia en enero de ese año insultaba al poeta en su portada, y en el interior de la misma tachaba sus dramas de blasfemos (la revista pertenecía a la Editorial Católica), aludían a su homosexualidad de modo despectivo e insinuaban en tono amenazante: «¡No debiera jugar al corro con ciertas cosas!».”

El historiador Ian Gibson afirma que las acusaciones contra Lorca al momento de su muerte eran la de “ser espía de los rusos, estar en contacto con estos por radio, haber sido secretario de Fernando de los Ríos y ser homosexual”. ​ En el informe sobre su fusilamiento se le acusaba de “socialista”, “masón” y que practicaba el “homosexualismo y aberración”.

Hacer pública una vida homosexual durante mucho tiempo ha sido ponerse en peligro: en 1954 el matemático Alan Turing fue condenado en Inglaterra a la castración química por ser homosexual, y ese es apenas una historia entre millones. En “Queerizar la ciencia viril” Halim Badawi presenta un alegato contra la historia que ha invisibilizado a las mujeres y a los homosexuales: “¿Por qué esa necesidad de heterosexualizar la historia, de construir una tradición que niegue la existencia de formas distintas de afecto y que naturaliza una única opción vital posible?” (93), dice, y enumera algunos argumentos que se usan para evitar mencionar la vida sexual de personas dedicadas a las artes, las ciencias, la política y otros oficios de amplia visibilidad: se trata de la vida privada y hay que respetarla, las artes no tienen género, la historia es un terreno neutral que no está atravesada por relaciones de poder en clave de género y sexualidad, son tres argumentos de entre los muchos que se han utilizado para ocultar géneros y sexualidades diversas. Halim Badawi recuerda que al lado de esos argumentos hay publicaciones como la de las cartas de amor entre Simón Bolívar y Manuelita Sáenz, de manera que sí, sí hay unas vidas que los historiadores decidieron mantener privadas, mientras que existen otras intimidades que se hicieron públicas o incluso ejemplares. La historia es el resultado de una decisión. De hombres homosexuales famosos como Alexander von Humboldt se ha evadido por siglos hablar de su sexualidad, y él mismo quiso evitar el tema cuando dejó la orden de quemar una parte de su abundante correspondencia después de morir. En Los caminos del afecto Daniel Balderston recuerda la homosexualidad de Gabriela Mistral y la forma como la misma aún después de su muerte se siguió ocultando:

     “Un ejemplo de apropiación mucho más conflictiva de una figura canónica es lo que ha pasado en los últimos años en torno a Gabriela Mistral. Esto también tiene varios capítulos. Uno lo constituye el libro de Lisia Fiol-Matta A Queer Mother for the Nation (2002), que enfoca el lesbianismo que ocultaba Mistral en su construcción de la madre de América. Otro sería un pasaje breve pero llamativo del prólogo de Juan Pablo Sutherland a su antología A corazón abierto: geografía literaria de la homosexualidad en Chile (2001), donde quería incluir poemas de Mistral, petición que mereció esta opinión de la Fundación Gabriela Mistral: `Dicho trabajo antológico puede contribuir a interpretaciones tendenciosas, antojadizas y especulativas contrarias a la siempre significativa y relevante obra de nuestra autora´.” (38)

Toda la obra teatral y poética de Federico García Lorca es autobiográfica, aunque no toda sea tan explícita como la “Oda a Walt Whitman” y el libro Poeta en Nueva York. Daniel Balderston también afirma que “La verdadera autobiografía está en el tono, no en la narración como cree todo el mundo.” (30). Aunque Federico García Lorca no hiciera parte de ningún partido político, su obra y su vida misma son políticas porque controvirtieron las posiciones de los poderes que dominaban a España y que con la dictadura de Franco profundizarán el atraso del país. Afirma Paola Arboleda Ríos:

     “Si las feministas norteamericanas y europeas de los sesenta y setenta ‘revelaron’ que lo personal es político, los y las intelectuales LGBT latinoamericanos/as acentúan una relación inversa: lo político lo permea todo, lo determina todo, lo limita todo. Reconociendo las circunstancias específicas de su “complejidad identitaria” (Espinosa, 2007: 30): la aceptación del miedo a verle la cara al homosexual miserable (Blanco, 1981: 185), la existencia clandestina de las lesbianas (Mogrovejo, 2000: 15), la abyección social que fractura el alma (Cruz, 2007: 359) y la manipulación de la identidad homosexual como estrategia de comercialización, estos autoras/es feministas y/o LGBT han reaccionado, frente al colonialismo de algunas de las formas que adquieren los discursos queer, particularmente el norteamericano.”

La voz de Federico García Lorca, poeta de un país que fue un poder colonial, es una voz que se levanta contra el racismo en Poeta en Nueva York, que quiere romper las prisiones de encaje que sofocaban a las mujeres, y que grita contra el rechazo que aislaba a los diferentes. Su voz hacía eco a los cantos populares y a la intimidad femenina, como afirmaba Daniel Bardestein de Manuel Puig:

     “Para rendir testimonio de una oralidad inolvidable, testimonio que dure algo más que nuestras efímeras vidas, es preciso anotar esa oralidad, transformarla en escritura. Cuenta Manuel Puig que La traición de Rita Hayworth encontró su forma cuando Puig pudo rescatar una oralidad casera que recordaba de la infancia, las conversaciones de sus tías mientras cosían.” (34)

Fue por esa voz que Federico García Lorca perdió la vida, y es precisamente por esa voz que Federico García Lorca es inmortal.

Julián David Correa*

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ODA A WALT WHITMAN**

Federico García Lorca

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Por el East River y el Bronx

los muchachos cantaban enseñando sus cinturas.

Con la rueda, el aceite, el cuero y el martillo

noventa mil mineros sacaban la plata de las rocas

y los niños dibujaban escaleras y perspectivas.

Pero ninguno se dormía,

ninguno quería ser el río,

ninguno amaba las hojas grandes,

ninguno la lengua azul de la playa.

Por el East River y el Queensborough

los muchachos luchaban con la industria,

y los judíos vendían al fauno del río

la rosa de la circuncisión,

y el cielo desembocaba por los puentes y los tejados

manadas de bisontes empujadas por el viento.

Pero ninguno se detenía,

ninguno quería ser nube,

ninguno buscaba los helechos

ni la rueda amarilla del tamboril.

Cuando la luna salga,

las poleas rodarán para tumbar el cielo;

un límite de agujas cercará la memoria

y los ataúdes se llevarán a los que no trabajan.

Nueva York de cieno,

Nueva York de alambre y de muerte:

¿Qué ángel llevas oculto en la mejilla?

¿Qué voz perfecta dirá las verdades del trigo?

¿Quién, el sueño terrible de sus anémonas manchadas?

Ni un solo momento, viejo hermoso Walt Whitman,

he dejado de ver tu barba llena de mariposas,

ni tus hombros de pana gastados por la luna,

ni tus muslos de Apolo virginal,

ni tu voz como una columna de ceniza;

anciano hermoso como la niebla,

que gemías igual que un pájaro

con el sexo atravesado por una aguja.

Enemigo del sátiro.

Enemigo de la vid,

y amante de los cuerpos bajo la burda tela.

Ni un solo momento, hermosura viril,

que en montes de carbón, anuncios y ferrocarriles,

soñabas ser un río y dormir como un río

con aquel camarada que pondría en tu pecho

un pequeño dolor de ignorante leopardo.

Ni un sólo momento, Adán de sangre, Macho,

hombre solo en el mar, viejo hermoso Walt Whitman,

porque por las azoteas,

agrupados en los bares,

saliendo en racimos de las alcantarillas,

temblando entre las piernas de los chauffeurs

o girando en las plataformas del ajenjo,

los maricas, Walt Whitman, te señalan.

¡También ese! ¡También! Y se despeñan

sobre tu barba luminosa y casta

rubios del Norte, negros de la arena,

muchedumbre de gritos y ademanes,

como los gatos y como las serpientes,

los maricas, Walt Whitman, los maricas,

turbios de lágrimas, carne para fusta,

bota o mordisco de los domadores.

¡También ése! ¡También! Dedos teñidos

apuntan a la orilla de tu sueño

cuando el amigo come tu manzana

con un leve sabor de gasolina,

y el sol canta por los ombligos

de los muchachos que juegan bajo los puentes.

Pero tú no buscabas los ojos arañados

ni el pantano obscurísimo donde sumergen a los niños,

ni la saliva helada,

ni las curvas heridas como panza de sapo

que llevan los maricas en coches y en terrazas

mientras la luna los azota por las esquinas del terror.

Tú buscabas un desnudo que fuera como un río.

Toro y sueño que junte la rueda con el alga,

padre de tu agonía, camelia de tu muerte,

y gimiera en las llamas de tu Ecuador oculto.

Porque es justo que el hombre no busque su deleite

en la selva de sangre de la mañana próxima.

El cielo tiene playas donde evitar la vida

y hay cuerpos que no deben repetirse en la Aurora.

Agonía, agonía, sueño, fermento y sueño.

Éste es el mundo, amigo: agonía, agonía.

Los muertos se descomponen bajo el reloj de las ciudades.

La guerra pasa llorando con un millón de ratas grises,

los ricos dan a sus queridas

pequeños moribundos iluminados,

y la Vida no es noble, ni buena, ni sagrada.

Puede el hombre, si quiere, conducir su deseo

por vena de coral o celeste desnudo;

mañana los amores serán rocas y el Tiempo

una brisa que viene dormida por las ramas.

Por eso no levanto mi voz, viejo Walt Whitman,

contra el niño que escribe

nombre de niña en su almohada,

ni contra el muchacho que se viste de novia

en la obscuridad del ropero,

ni contra los solitarios de los casinos

que beben con asco el agua de la prostitución,

ni contra los hombres de mirada verde

que aman al hombre y queman sus labios en silencio.

Pero sí contra vosotros, maricas de las ciudades

de carne tumefacta y pensamiento inmundo.

Madres de lodo. Arpías. Enemigos sin sueño

del Amor que reparte coronas de alegría.

Contra vosotros siempre, que dais a los muchachos

gotas de sucia muerte con amargo veneno.

Contra vosotros siempre,

“Fairies” de Norteamérica,

“Pájaros” de la Habana,

“Jotos” de Méjico,

“Sarasas” de Cádiz,

“Apios” de Sevilla,

“Cancos” de Madrid,

“Floras” de Alicante,

“Adelaidas” de Portugal.

¡Maricas de todo el mundo, asesinos de palomas!

Esclavos de la mujer. Perras de sus tocadores.

Abiertos en las plazas, con fiebre de abanico

o emboscadas en yertos paisajes de cicuta.

¡No haya cuartel! La muerte

mana de vuestros ojos

y agrupa flores grises en la orilla del cieno.

¡No haya cuartel! ¡¡Alerta!!

Que los confundidos, los puros,

los clásicos, los señalados, los suplicantes

os cierren las puertas de la bacanal.

Y tú, bello Walt Whitman, duerme a orillas del Hudson

con la barba hacia el Polo y las manos abiertas.

Arcilla blanda o nieve, tu lengua está llamando

camaradas que velen tu gacela sin cuerpo.

Duerme: no queda nada.

Una danza de muros agita las praderas

y América se anega de máquinas y llanto.

Quiero que el aire fuerte de la noche más honda

quite flores y letras del arco donde duermes

y un niño negro anuncie a los blancos del oro

la llegada del reino de la espiga.

Federico García Lorca

En: Poeta en Nueva York

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**TOMADO DEL LIBRO:

Federico García Lorca: “Poeta en Nueva York, Tierra y luna” Edición crítica de Eutimio Martín. Barcelona, Ed. Ariel. 1981

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*REFERENCIAS DEL ENSAYO INTRODUCTORIO:

– Arboleda Ríos, Paola “¿Ser o estar “queer” en Latinoamérica? El devenir emancipador en: Lemebel, Perlongher y Arenas”. En Íconos. Revista de Ciencias Sociales. Num. 39, Quito, enero 2011. Digital.

– Badawi, Halim. La naturaleza de las cosas: Humboldt, idas y venidas. Bogotá: Goethe Institut. 2019. Impreso.

– Balderston, Daniel. Los caminos del afecto. Bogotá: Instituto Caro y Cuervo. 2015. Impreso.

– Constenla, Tereixa. “Gibson: `Los documentos demuestran que no fue un asesinato callejero´” En Periódico El País. Sección Cultura. Madrid, 23 de abril de 2015. Digital.

– García Lorca, Federico. Poeta en Nueva York, Tierra y Luna. Edición crítica de Eutimio Martín. Barcelona: Ed. Ariel. 1981. Impreso.

– Lemebel, Pedro. Manifiesto (Hablo por mi diferencia). En Revista Anales Séptima Serie, Nº 2, Santiago de Chile, noviembre 2011. Digital.

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