Las publicaciones de la Cinemateca Distrital: Una memoria crítica para el cine colombiano

Las publicaciones de la Cinemateca Distrital: Una memoria crítica para el cine colombiano

LAS PUBLICACIONES DE LA CINEMATECA DISTRITAL DE BOGOTÁ: 

UNA MEMORIA CRÍTICA PARA EL CINE COLOMBIANO*[1]

 

Para Luis Alberto Álvarez y Paul Bardwell,

dos de los culpables.

 

Las ciudades no existen,

existen los ciudadanos que las habitan.

 

En agosto de 1997 se expidió la Ley de Cultura que creó el Ministerio de Cultura con todas sus Direcciones, y entre ellas la Dirección de Cinematografía. A fines de 1997, la Dirección de Cinematografía (en sus primeros meses compuesta por un prolífico grupo unitario: Felipe Aljure), se trasladó a la casa de la Calle 35 No. 5 – 89, la casa que había sido de FOCINE y que con los años devino en bodega de muebles viejos. A comienzos de 1998, el reclutamiento de Felipe Aljure daba frutos: el equipo de Cinematografía empezaba a crecer y necesitaba espacios. Todas las puertas de la casona se abrieron y los muebles viejos, el polvo y las pulgas salieron poco a poco. Durante la colonización de la Casa del Cine, se limpió el sótano que hedía a orín de gato, y se encontraron estanterías y cajas, y en las cajas se hallaron libros nuevos, hojas que envejecieron sin conocer la luz: colecciones completas de los Cuadernos de Cine Colombiano de la primera época, y libros de pasta dura que se titulaban Colombia, The Set[2].

Este texto que inicialmente debía ser la presentación del Cuaderno de Cine Colombiano – Nueva época, No. 22: Publicaciones de cine, se ha convertido en el resultado de una investigación y un conjunto de decisiones más amplio: presenta la historia de las publicaciones de la Cinemateca, junto sus actuales títulos y criterios editoriales. Los desarrollos recientes de esta política editorial muestran que se quiere definir la estrategia de publicaciones de la Cinemateca como si esta institución también fuera una editorial independiente, y que en el proceso se ha procurado aprender de la historia del cine colombiano y de la historia del propio fondo editorial. Se ha aprendido por igual de los aciertos como de los errores. La historia de las publicaciones de la Cinemateca Distrital está unida a la del cine colombiano, y a la de los instrumentos (normas, instituciones y fondos) que nuestro Estado ha implementado para el desarrollo del cine. Todos sabemos que dentro de la historia del cine colombiano hay instrumentos fallidos, hay herramientas del Estado que fracasaron en su tarea de impulsar el desarrollo de una cinematografía propia y estable. Es inevitable equivocarse de vez en cuando, pero los errores deben convertirse en parte de un proceso de aprendizaje o seguirán siendo para siempre errores.

 

LA CINEMATECA DISTRITAL,

TRANSFORMANDO MIRADAS DESDE 1971

Para presentar la historia de las publicaciones y la política editorial de la Cinemateca Distrital, es necesario dar a conocer las estrategias de esta organización. Cuatro son los pilares de toda cinemateca: la preservación de un patrimonio audiovisual (a través de una filmoteca, videoteca o mediateca), la circulación del patrimonio a través de proyecciones, la formación de públicos y realizadores, y el desarrollo de investigaciones y publicaciones que fortalecen los pilares anteriores. Muchos saben que la Cinemateca Distrital nació en 1971 siguiendo el modelo de la Cinemateca Francesa fundada en 1936, y que desde entonces es un lugar en donde se preserva y desde donde se circula el patrimonio cinematográfico de la humanidad. Es un hecho conocido que desde 2011 la Cinemateca Distrital también es la Gerencia de Artes Audiovisuales del Instituto Distrital de las Artes de Bogotá (IDARTES, dependencia de la Alcaldía Mayor de Bogotá) y que gracias a hacer parte de esta institución su fortalezas se han multiplicado.

El 11 de abril de 1971, el Alcalde de Bogotá, Carlos Albán Holguín, expidió el Decreto 0631, mediante el cual se creó la Cinemateca Distrital de Bogotá, como entidad dependiente de la Secretaría de Educación del Distrito. La primera sede fue la sala Oriol Rangel en el Planetario y las primeras oficinas quedaron en uno de los locales de los bajos de las Torres del Parque. Isadora de Norden fue la primera directora de la institución, y fue la persona que lideró el proyecto de su creación, apoyada por su esposo y director de cine, Francisco Norden, junto con amigos como Hernando Salcedo Silva y Hernando Valencia Goelkel. Los textos y el trabajo de ambos “Hernandos” incluyeron la realización de crítica cinematográfica en publicaciones como la Revista Mito, y fueron trascendentales en el desarrollo del cineclubismo que condujo a la fundación de instituciones como la Cinemateca Colombiana, la Cinemateca Distrital y la Fundación Patrimonio Fílmico de Colombia, entre otras.

Las cuatro acciones básicas de toda cinemateca (preservación, circulación, formación, investigación y publicaciones) también son las columnas que sostienen la labor de la Cinemateca Distrital de Bogotá. Colombia no es Francia, por supuesto, y en el caso de la Cinemateca, a sus estrategias originales se sumaron otras tareas que pueden resumirse diciendo que desde hace décadas, la Cinemateca Distrital es la dependencia de la Alcaldía Mayor de Bogotá[3] que desarrolla políticas públicas para la evolución del cine. Un buen ejemplo de este rol es que en 1994, tras el final de FOCINE[4], la Cinemateca inició su programa de convocatorias que a partir de entonces entrega recursos para hacer cine en Colombia, y que ha tenido logros tan destacados como que el cortometraje Leidi (Simón Mesa Soto), realizado con recursos de las convocatorias del 2013, haya ganado la Palma de Oro en el Festival Internacional de Cine de Cannes de 2014, la primera Palma de Oro que cualquier película colombiana haya obtenido en toda la historia del cine nacional.

Desde el año 2012, la Cinemateca Distrital, que también es la Gerencia de Artes Audiovisuales del IDARTES, desarrolla las siguientes estrategias:

Preservación: Filmoteca, BECMA y formación:

La Cinemateca desarrolla seminarios de preservación, entrega una beca para la gestión de archivos y cuenta con un archivo fílmico y una mediateca (la BECMA: (Biblioteca Especializada en Cine y Medios Audiovisuales), que a la fecha dispone de unas 50.000 unidades de información que incluyen libros, revistas, archivos digitales y magnéticos de audio, fotos, diapositivas y afiches, entre otros soportes, además de colecciones audiovisuales en diferentes formatos digitales y magnéticos.

Programación, generación de contenidos y salas asociadas:

Muestras y festivales que reflejan la diversidad del cine, un hecho social que es arte, industria y expresión ciudadana. La Cinemateca fortalece el desarrollo de salas del circuito alternativo y genera muestras de cine que circulan por esas salas en Bogotá, en Colombia y en otros países. La red de salas asociadas a la Cinemateca en Bogotá suma un centenar de pantallas en 16 localidades.

Formación para públicos, formadores, preservadores y creadores:

La Cinemateca trabaja por la formación de constructores de cultura, tanto creadores, gestores y públicos a través de foros, talleres, seminarios y conferencias. En la sala “Rayito” se desarrollan talleres para la primera infancia, junto con Tejedores de Vida del IDARTES.

Desarrollo de publicaciones e investigaciones:

La Cinemateca fomenta la investigación con becas y con proyectos propios, desarrolla publicaciones en video e Internet, y ha consolidado tres colecciones en papel: Cuadernos de Cine Colombiano – Nueva época, Becas y Catálogos Razonados. Algunos proyectos editoriales se desarrollan en alianza con otras instituciones.

Tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC):

El cine es TIC. La Cinemateca publica en nuevos medios, cuenta con convocatorias que estimulan proyectos para ventanas convergentes y nuevas tecnologías, y adelanta programas de formación como los seminarios transmedia y narrativas audiovisuales, y los talleres de guión para webseries, entre otras acciones.

Cinemateca Rodante: estrategia de intervención integral y territorial en las localidades para el desarrollo audiovisual:

En 2012 se inició la estrategia Cinemateca Rodante, un conjunto de programas dirigidos a las localidades de Bogotá. Actividades con vocación territorial que parten de diagnósticos previos y ofrecen programas de preservación (Videoteca Local) y formación en diferentes formas de cinematografía, en cineclubismo y emprendimiento.

Estímulos económicos a través de convocatorias públicas:

Desde 1994 la Cinemateca realiza convocatorias para financiar la creación audiovisual, pero desde que la Cinemateca hace parte del IDARTES esas convocatorias han crecido en modalidades y recursos: hoy las convocatorias de la Cinemateca Distrital hacen parte del Programa distrital de becas y estímulos, y entregan recursos para obras de ficción, animación y documentales, nuevos medios, becas de investigación, gestión de archivos y circulación, entre otros. Se promueve el intercambio internacional y se cofinancian proyectos de organizaciones que trabajan por el desarrollo audiovisual.

Políticas públicas para el desarrollo audiovisual:

De manera coordinada con la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte (SCRD), todo el IDARTES, el Consejo Distrital de Artes Audiovisuales, los diferentes sectores audiovisuales de Bogotá, y organizaciones gubernamentales, la Cinemateca acuerda el diseño de acciones, instrumentos y políticas públicas para el desarrollo audiovisual. Dentro de esta estrategia se destacan dos grandes logros de los tres últimos años: la creación de la Comisión Fílmica de Bogotá (CFB) formalizada con el Decreto 340 de 2014, y la creación de la nueva Cinemateca de Bogotá (que empezará a construirse a finales del 2015).

NuevaCinematecaBOG

Todas las investigaciones y publicaciones de la Cinemateca se integran con este conjunto de estrategias y las representan.

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ESCRIBIR Y PUBLICAR 

SOBRE CINE EN COLOMBIA

Este Cuaderno de Cine Colombiano – Nueva época, No. 22: Publicaciones de cine, se ocupa de manera detallada de la construcción de la crítica y del fenómeno de publicar sobre cine en Colombia. Cada uno de los textos que forman este Cuaderno es un relato sobre los títulos surgidos del trabajo de apasionados que le dieron forma a un fondo editorial común: el de la crítica de cine en Colombia.

Antes de continuar, en el espíritu de presentar este Cuaderno No. 22, quiero hacer un párrafo de agradecimiento a todas las personas gracias a cuyo trabajo es posible esta nueva publicación del cine colombiano: a Cira Inés Mora, quien coordinó los textos de los artículos; a Pedro Adrián Zuluaga, autor de: “La crítica de cine en Colombia en los años cincuenta. Los aportes fundacionales de Hernando Valencia Goelkel y Jorge Gaitán Durán” y “Revista Cinemateca con el guión de tres épocas”; a Francisco Montaña Ibáñez, autor de “La batalla por lo real. Dos publicaciones periódicas de los sesenta sobre cine en Colombia: Guiones y Cine(mes)”; a Luisa Fernanda Ordóñez, autora de “Crónicas de la espera: el cine colombiano en la revista Cuadro 1970-1979” y de “Ojo al cine: Instantáneas de la producción crítica del Grupo de Cali”; a Mauricio Durán Castro, autor de “Tres modelos de crítica de cine en Colombia. Carlos Álvarez, Andrés Caicedo, Luis Alberto Álvarez”; a Anne Burkhardt, autora de “¿Historias de lo que no existe? La historia del cine colombiano de Hernando Martínez Pardo”; a David M. J. Wood, autor de “La autonomía del cine. Umberto Valverde, Reportaje crítico al cine colombiano”; a Hugo Chaparro Valderrama, autor de “Cine para leer” y de “La casa de Kinetoscopio”; a Carolina Sourdis Arenas, autora de “Ver con la metáfora en los ojos. La vuelta a Arcadia”. Gracias también a las personas de la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura que son nuestros aliado en la creación de estos Cuadernos, a Alexandra Rodríguez con quien coordino las publicaciones de la Cinemateca, al estupendo equipo de la Cinemateca Distrital que se ha venido formando en estos tres años, y a todos los colegas del IDARTES.

Aunque no es necesario repetir un relato detallado del desarrollo de las publicaciones de cine en Colombia, relato que se hace con este Cuaderno No. 22, sí quiero señalar algunos hechos: tanto en el libro La crítica de cine, una historia en textos[5] de Cobo Borda y Arbeláez, como en otras cronologías se recoge el hecho de que la labor de escribir sobre cine en este país se inició al mismo tiempo que las primeras proyecciones y los primeros registros fílmicos. Esta realidad no significa que tras las primeras proyecciones y registros hubiera alguna forma de cine nacional, o que existiera un ejercicio crítico sobre las imágenes en movimiento. Juan Gustavo Cobo Borda y Ramiro Arbeláez, califican a los primeros escritores sobre cine en Colombia, no como críticos, sino como “Curiosos precursores”, y en su libro hacen un recuento de nombres y textos que se inician con “Días de Cine-Cinematógrafo” de Clímaco Soto Borda (1870-1919), una opinión publicada a finales del siglo XIX, que versaba sobre una proyección realizada en Bogotá con el Vitascopio de la empresa de Tomás Alva Edison. La lista de precursores que proponen Cobo Borda y Arbeláez incluye nombres imprescidibles en las artes colombianas, como el escritor antioqueño Tomás Carrasquilla (1958-1940), el ensayista Ernesto Volkening (1908-1982) o el editor, dramaturgo y librero Ramón Vinyes (1882-1952).

El hito más importante en el desarrollo de la crítica, llegó con la Revista Mito. Con siete años de trabajo (1955-1962), 42 números y varios libros publicados (que firmaban autores como Marta Traba y Álvaro Cepeda Samudio), la Revista Mito marcó un punto de giro en las artes y su crítica en Colombia. En este año 2015 Colombia es un país de pocos lectores (con 48.5 millones de habitantes, la venta de 2.000 ejemplares de un título se considera un éxito editorial), un conjunto de naciones en donde se vive paralelamente una suerte de modernidad urbana, acompañada por extensísimos territorios en donde se imponen los horrores feudales. En 1955, los índices de lectura y el respeto a las libertades individuales eran aún más bajos que hoy, en 1955 Colombia tenía una larga tradición de centralismo y cierre de fronteras físicas y mentales. Hasta 1955, año de fundación de la Revista Mito, lo que se había escrito sobre el cine en Colombia estaba dictado por el mercadeo o por un apasionamiento de cronista cultural que carecía de profundidad. Un año antes, en 1954 Gabriel García Márquez inició su labor como crítico cinematográfico, sin que marcara grandes diferencias con el pasado: como crítico cinematográfico, Gabo desarrolló su oficio en El Espectador, El Universal y El Heraldo, y a pesar de su talento en tantos otros frentes, en el caso de la crítica, los resultados que ofrecía no eran muy diferente al de comentaristas anteriores: las de García Márquez eran columnas apasionadas, teñidas de opiniones políticas que poco se preguntaban por el desarrollo cinematográfico. Gabo también estuvo vinculado con la Revista Mito: en Mito publicó algunos de sus primeros textos literarios, pero ninguna crítica cinematográfica. Los nombres que hicieron de la Revista Mito el primer espacio consistente para una crítica de amplios horizontes culturales, que se preguntaba por el desarrollo del cine en vinculación con otras artes y con contextos históricos, fueron los de: Hernando Salcedo Silva (1916-1987), Jorge Gaitán Durán (1925-1962), Hernando Téllez (1908-1966), Hernando Valencia Goelkel (1928-2004), Guillermo Angulo (nacido en 1928) y Francisco Norden (nacido en 1929).

Mito BNCEn 1955, año de fundación de la Revista Mito, habían pasado poco menos de 12 meses desde la realización del filme colombiano La langosta azul, cinta experimental en la que participaba uno de los más impresionantes carteles de la cultura colombiana: el librero catalán Luis Vicens (fundador del Cine Club de Colombia y de la Cinemateca Colombiana), el fotógrafo Nereo, el artista plástico Grau y los escritores Álvaro Cepeda Samudio y Gabriel García Márquez, entre otros. Antes de ese filme, el cine colombiano había tenido un período breve y brillante, el período silente, que terminó con la llegada del sonido, y tras el silencio y la frustración de los cinematografistas, había llegado en los años 40 un tiempo cantado, ruidoso e inane, con películas que imitaban los musicales mexicanos y argentinos, y que al fin no podían ni sincronizar el sonido, así que pasaron sin gloria. Ese era el cine colombiano que existía en el año de la fundación de la Revista Mito, y a pesar de todos los valores de las críticas publicadas en sus páginas, el diálogo posible con los creadores del cine nacional era muy poco.

En la Revista Cinemateca, el abogado y crítico de cine Orlando Mora afirma que la carencia de un cine nacional limita el desarrollo de la crítica cinematográfica[6]. En ese mismo texto de la transición hacia el siglo XXI, en que evalúa el sentido y desarrollo de la crítica cinematográfica en Colombia, Mora afirma que a pesar de las muchas debilidades y de la sensación general de que no existe crítica del arte en Colombia, sí ha habido una evolución en la crítica cinematográfica, y asegura que ésta ha sido posible gracias a tres factores: la generalización de carreras universitarias que incluyen formación audiovisual (como las carreras de periodismo y comunicación social), la existencia de programas de formación de públicos (como los que realizaba en Bogotá Hernando Salcedo Silva y Hernando Martínez Pardo, y en Medellín Luis Alberto Álvarez), y la llegada del video que permitió ver todo el cine del mundo. En relación con este tercer factor, Mora recuerda una pregunta que con frecuencia hacía Dario Ruiz Gómez en cualquier debate sobre cine: “¿Esa película la viste o la leíste?”. Es evidente que con programas de educación formal, con la evolución tecnológica que facilita el acceso a obras audiovisuales y con la existencia de espacios para la sensibilización de públicos y realizadores es posible el surgimiento de un pensamiento crítico alrededor del cine. Que este pensamiento se desarrolle y tenga algún fruto ya es otro tema, y pasa porque esas reflexiones se vuelquen en la creación[7] y porque esas ideas encuentren lectores con quienes dialogar a través de publicaciones. En la posibilidad de encontrar espacios para la publicación de crítica cinematográfica, Mora es pesimista: “Con unos periódicos que en general quieren parecerse cada vez más a la televisión por el carácter ligero y digerible de los textos que aconsejan, es difícil encontrar apoyo para un tipo de escritos más densos y provocadores. Por eso es más frecuente la información que la crítica.”

Ya se sabe que las revistas y periódicos no son la única opción para un registro histórico y para la presencia de una crítica cinematográfica, que también los libros son un espacio posible. Sin embargo, en este campo los espacios también son pocos: como se señaló en párafos precedentes, Colombia no es un país de lectores, y esa realidad incide de manera directa en el número de títulos que se editan y en el volumen de producción de cada título. En términos cuantitativos, y de acuerdo a los registros del ISBN, en el total de los países de América Latina se publicaron en 2012 un acumulado de 188.388 títulos, de los cuales 324 eran sobre cine, y en 2013 no se presentó una gran variación: las cifras fueron de 194.009 y 353. De esos títulos, en 2012 Colombia sólo aportó 19 libros sobre cine, y en 2013 una cifra aún menor: 15[8].

 

1971 A 2001: 

PUBLICACIONES DE LA CINEMATECA DISTRITAL

La labor de crear una cinemateca en un país sin cine nacional tuvo mucho de sueño quijotesco. Los primeros meses de la Cinemateca estuvieron dedicados a labores burocráticas, como pasa en la fundación de cualquier institución pública del mundo, pero ya en octubre de 1971 empezaron las muestras de cine en la sala Oriol Rangel del Planetario Distrital, con una programación que es ejemplo del cine que circulaba por salas alternativas en la época: maestros del cine clásico francés, la edad de oro de la comedia americana, expresionismo alemán, documentales y la obra de Charles Chaplin, entre otros. Estas muestras de cine se acompañaron con plegables que las presentaban y que son la semilla de todas las publicaciones de la Cinemateca Distrital de Bogotá.

PrimerCatálogoCDEn 1973 la Cinemateca realizó la primera muestra de cine colombiano de toda la historia del cine nacional: “Cine colombiano 1950-1973”, que contó con un emblemático catálogo. Ese catálogo llevaba en su portada la imagen más famosa del documental Chircales: la del niño rubio que carga ladrillos a la espalda. En 1972, tras 5 años de trabajo, Marta Rodríguez y Jorge Silva habían concluído el documental Chircales, que es la primera cinta colombiana con una amplia participación y premios en festivales internacionales (Leipzig y Oberhausen, entre otros). Esta primera publicación de la Cinemateca es muy sencilla: un catálogo que informa a los asistentes a la sala la sinopsis y ficha técnica de las películas proyectadas, pero en su sencillez esa primera publicación es literalmente fundamental, es el fundamento de todo el trabajo de publicaciones de la Cinemateca: la decisión de la portada demuestra conocimiento del cine nacional y de un cine con valores trascendentes, la selección de películas y el rigor de la información demostraban interés en construir una memoria del cine nacional, incluso en una época en que se había olvidado el pasado del cine colombiano, y en que lo que se filmaba era poco y discutible.

En 1974 la Cinemateca Distrital publicó el primer libro de su historia: Crónicas de Cine, de Hernando Valencia Goelkel, quien como se ha mencionado, fue uno de los fundadores de la Revista Mito y de la Cinemateca. Este libro recogía una selección de críticas editadas entre 1959 y 1974, y es un importante paso en la construcción de una crítica de cine en Colombia.

En 1981 se inicia la publicación de los Cuadernos de cine colombiano. Hasta 1988 se editaron 25 Cuadernos con el apoyo de FOCINE. Retrospectivamente se puede ver que esos primeros 25 Cuadernos son la colección más importante entre las publicaciones que en sus primeros 10 años de trabajo realizó la Cinemateca: aunque esas los Cuadernos no tuvieron la amplia distribución que merecían, esas primeras obras monográficas preservaron la memoria del cine nacional y hoy son testimonio de las propuestas de Cine Mujer, de la primera etapa de Luis Ospina, del trabajo de Oswaldo Oduperly, y de la labor de muchos otros. Son títulos que todos los interesados en el cine colombiano atesoramos.

CuadernosDos fueron las debilidades de esos primeros Cuadernos: el diseño, que aunque respondía a la época, envejeció rápido y mal, y un contenido que era siempre laudatorio. Cada uno de los 25 Cuadernos de Cine Colombiano eran un homenaje a sus protagonistas. Sin duda los homenajes son necesarios, pero en ninguno de esos Cuadernos había ni un asomo de mirada crítica, ni una pizca de interés en la construcción de una versión que no fuera una historia oficial y feliz del cine nacional. Dos defectos en 25 títulos que hoy siguen siendo imprescindibles a la hora de recordar el cine colombiano.

En el mismo año en que se inician los Cuadernos de Cine Colombiano, en 1981, se pone en servicio la biblioteca de la Cinemateca con más de 600 libros y revistas especializadas. El archivo gráfico de la Cinemateca contaba en ese momento con 350 afiches y 700 fotografías de cine colombiano y latinoamericano. Ambos ejercicios: el de investigar y publicar, y el de poner al acceso del público una amplia colección de soportes de la memoria audiovisual hacen parte de una misma labor y son coherentes, ambos son parte de los intereses de preservar la historia audiovisual del país.

Otra publicación de la Cinemateca que marcó un hito, es la Revista Cinemateca, que inicia su carrera en 1977, en el año del suicidio de Andrés Caicedo. Ese valioso primer número de la Revista Cinemateca está enteramente dedicado a Caicedo, a su revista “Ojo al Cine” y a su aporte a las artes colombianas. De la Revista Cinemateca se editaron 12 números hasta el año 2000. El último número de esta revista es diverso y disperso, y su diseño es mejor que el de los primeros números pero es muy diferente del número que la precede. Este 12º. número, como las revistas que lo antecedieron, cuenta con textos valiosos de autores entre los que están el ya citado Orlando Mora, Enrique Pulecio, R. H. Moreno Durán, Hugo Chaparro, Juan Manuel Roca, Esteve Riambau, Amanda Rueda, Octavio Arbeláez, Gilberto Bello, Diego Rojas y Augusto Bernal entre muchos otros.

La Revista Cinemateca fue importante: propuso diálogos entre el cine internacional y el colombiano, fue tribuna de críticos, escritores y cinematografistas nacionales, recogió la memoria de revistas previas como “Ojo al cine” e inspiró el desarrollo de otras publicaciones periódicas como “Kinetoscopio”, que en 1992 crearon los fallecidos Paul Bardwell, Luis Alberto Álvarez y Juan Guillermo López, y que tras 25 años se sigue publicando.

El cine colombiano de los años setentas se caracterizó por un instrumento estatal que buscaba fomentar el desarrollo del cine (el “Sobreprecio”): el 6 de septiembre de 1972, la resolución 315 de la Superintendencia de Precios fijó un cobro adicional en cada boleta, para recaudar un dinero que a través de los exhibidores debía pasar a los realizadores de cortos y largos colombianos. Gracias a este instrumento, en tres años la producción de cortos pasó de 6 a 83. La medida, en principio útil y que logró la producción de algunos cortometrajes con relevancia estética e histórica, pronto se convirtió en una manera de hacer dinero fácil: muchos realizadores empezaron a hacer cortos con retazos de filmes o de comerciales, y en las grandes pantallas se proyectaron cintas que llevaban el sello de ser cine colombiano, y que eran productos sin ningún valor estético ni mínimos estándares técnicos, y ello a pesar de la creación de una Junta de Control de Calidad. Tanto la Junta como la medida del Sobreprecio han recibido todo tipo de críticas: es verdad que gracias al sobreprecio se realizaron más de 600 cortos (439 de ellos documentales), filmes en los que muchos realizadores pudieron formarse, pero como dice Camila Loboguerrero, es con esos trabajos que se inicia la “leyenda negra del cine colombiano”, la que asegura que la calidad del cine nacional es inferior al de cualquier otra cinematografía.

En 1982, para reflexionar sobre el fenómeno del Sobreprecio, la Cinemateca publica el libro El cortometraje del sobreprecio de Carlos Álvarez.  Los texos de Carlos Álvarez, como su cine (¿Qué es la democracia? de 1975, entre otras) siempre fueron críticos con las realidades colombianas. Sobre esa publicación, el historiador Diego Rojas nos recuerda que la edición de la Cinemateca de El cortometraje del sobreprecio se publicó sin el prólogo “por razones institucionales”, y que luego ese mismo prólogo se editó de manera independiente.

Otras dos interesantes experiencias en las publicaciones de la Cinemateca a comienzos de los años ochentas, las representan los cuadernillos que fueron resultado y parte del proceso de los talleres de crítica que por entonces dictó Lisandro Duque. La otra experiencia se imprime en 1984, se trata del boletín Súper 8, que presentaba la obra de los creadores alternativos. En ese entonces, muchos cinematografistas jóvenes y con pocos recursos se expresaban a través de cámaras con cintas de Súper 8 milímetros. Esas pocas publicaciones sobre el fenómeno del Súper 8 demuestran que muchos de quienes dirigieron la Cinemateca estuvieron interesados tanto en lo mejor del cine del mundo, como en cualquier forma de creación audiovisual de Colombia.

 

 

2001:

LOS CUADERNOS DE CINE COLOMBIANO DE LA NUEVA ÉPOCA

En el año 2001, la Cinemateca Distrital cumplió 30 años “Descubriendo miradas”, como dijimos en ese entonces. En ese año se inició un proceso que renovó el concepto de lo que la Cinemateca entendía como cine[9] y de lo que sus publicaciones debían ser. En ese año se decidió crear una colección que representara la labor de la Cinemateca y su compromiso con el desarrollo del cine colombiano. El título que entonces se escogió fue el de los “Cuadernos de Cine Colombiano”, por su relevancia histórica, por la claridad del compromiso expresada en su título y por su conexión con los clásicos “Cahiers du Cinema”, que habían inspirado el nombre original de la colección; sin embargo, y a pesar de ese homenaje, los Cuadernos de Cine Colombiano de la nueva época poco tenían que ver con las 25 publicaciones de la década de los 80.

En el mismo período de nacimiento de los Cuadernos de Cine Colombiano – Nueva época se creó la página web de la Cinemateca (www.cinematecadistrital.gov.co) y se publicó un CDROM sobre la historia del cine colombiano y de la Cinemateca de 1971 a 2001[10]. A los 30 años de la Cinemateca era claro que los nuevos medios para la creación y la memoria existían, y se buscó la manera de aprovecharlos.

Los primeros cinco Cuadernos de Cine Colombiano – Nueva época marcaron la pauta en diseño y contenidos de lo que desde entonces ha venido sucediendo con nuestra colección insignia. El desarrollo del diseño, de la imagen de estos cuadernos tomó casi año, y la construcción de sus contenidos llevó dos años. En 2003 se imprimieron los cinco primeros números que en todo sentido indicaron el camino de la colección: Balance argumental (No.1), Acevedo e hijos (No.2), Víctor Gaviria (No.3), Rostros y rastros (No.4) y Balance documental (No.5).

Los Cuadernos de la nueva época empezaban por mostrar los cambios en el cine de Colombia. Decía la presentación de aquel primer número:

“En el 2001, la Cinemateca Distrital cumplió 30 años descubriendo miradas, acompañado a los creadores, estimulando económicamente la producción, formando públicos y realizadores, y preservando y haciendo circular nuestra memoria audiovisual. Con estas líneas, quien hoy dirige esta institución se siente orgulloso de presentar otra forma de hacer común nuestra memoria: el primer número de una nueva época de los Cuadernos de Cine Colombiano (…). De 1981 a 1988, se editaron 25 Cuadernos por iniciativa de la Cinemateca Distrital (…), muchos cambios se han producido de 1988 hasta ahora: FOCINE desapareció y el video acercó un mayor número de personas a la creación de imágenes. En estos años la ciudad habitó el cine colombiano, el Ministerio de Cultura nació y desde éste se engendraron la Dirección de Cinematografía y Proimágenes en Movimiento[11]. Las crisis económicas y las múltiples guerras robaron el aliento a muchos, pero las imágenes en movimiento no dejaron de producirse. Los sueños continuaron y la necesidad de recrear el mundo a través del audiovisual se impuso sobre los más pesimistas.

Al lado del audiovisual colombiano, la Cinemateca Distrital ha continuado su camino y hoy esta institución, también pequeña y tozuda como nuestro cine, entrega al público y a los creadores una nueva época de los Cuadernos. Este primer número presenta cuatro artículos sobre el audiovisual nacional, que buscan ser un balance del argumental realizado durante los años en que los Cuadernos aguardaron en los estantes y los sótanos su momento para continuar escribiendo la historia (…). Balance argumental, el primer número de estos Cuadernos incluye un artículo de la comunicadora social Diana Osorio Gómez sobre las mujeres y el cine en Colombia (…). El periodista y crítico de cine Oswaldo Osorio, presenta en su artículo titulado “Del cine político a lo políticamente correcto” (…). El arquitecto y crítico Mauricio Durán nos entrega una mirada sobre uno de los más llamativos fenómenos del cine nacional en estos años: el paso del cine rural al cine urbano. Este número de los Cuadernos concluye con un texto sobre el video y las posibilidades que ofrecen los nuevos medios, escrito basado en una conversación sostenida con el realizador Andrés Burbano. Este texto, resulta imprescindible si se tiene en cuenta que los Cuadernos de la vieja época nada decían del video y que este medio, junto con la Internet se han convertido en herramientas capaces de transformar por completo la relación de los creadores con sus imágenes y su público.

(…) Aunque, como suele decirse, los textos de estos Cuadernos reflejan la posición de quienes los firman y no necesariamente la de la Cinemateca Distrital y la Alcaldía Mayor de Bogotá, también es necesario decir que no puede creerse en una historia uniforme, de héroes y vencedores. Estos Cuadernos deben ser, como el cine colombiano, un espacio para las contradicciones y las preguntas: ¿Cine de autor o cine comercial? ¿Apología a la violencia o retrato social? No: cine, opiniones escritas o fotografiadas con convicción por quienes las han pensado en un país que bulle y que no puede permitirse más espacios sin opinión y más temor a las palabras.”

La presentación del número 5 de los Cuadernos de Cine Colombiano – Nueva época, completaba los principios de esta propuesta que en parte refleja la política editorial de la Cinemateca:

En las introducciones que acompañan estos cinco primeros Cuadernos hemos venido planteando nuestros principios editoriales, que aquí resumiremos en cinco ideas. La primera de todas, que estos Cuadernos, como el cine nacional, plantean constantes contradicciones y existen gracias al compromiso de sus autores: no hemos buscado construir una única versión de los hechos de nuestro cine, ni una “historia oficial”, sino una memoria y una reflexión caracterizadas por las preguntas de los protagonistas. Cada autor de estos cuadernos (incluido su director) ha expresado lo que a su entender ha sido la historia de nuestro cine, y lo único que hemos exigido ha sido rigor académico en las afirmaciones. La segunda idea es que la selección de los autores de estos cuadernos expresa nuestra fe en la memoria de los experimentados y en el talento de los jóvenes: estas páginas las comparten personas de la experiencia de Jorge Ruffinelli (Víctor Gaviria), profesor de la Universidad de Stanford; Gustavo Fernández (Balance documental), profesor de la Universidad Nacional de Colombia y los profesores de la Universidad del Valle, Ramiro Arbeláez (Rostros y rastros) y Óscar Campo (Balance documental). Al lado de estos investigadores están los nombres de talentosos jóvenes como Diana Osorio (Balance argumental), Cira Inés Mora y Adriana Carrillo (Acevedo e Hijos) y María Fernanda Luna (Rostros y rastros) , entre otros.

Las ideas tercera y cuarta se manifiestan en la selección de los temas: nos parece necesario entender nuestra memoria de imágenes en movimiento como la historia no tanto de un “cine nacional”, sino de un “audiovisual nacional”, y esta posición ha sido clara desde Balance argumental. También hemos querido dejar claro que aunque los gobiernos de Colombia han estado enfermos de centralismo, su producción audiovisual no: en el breve espacio que permiten estas primeras páginas de los Cuadernos se ha dado cabida por igual a experiencias del altiplano cundiboyacence, trabajos paisas, milagros caleños y esperanzas caribes.

Una quinta y última idea descansa en la manera como hemos compuesto los grupos de los Cuadernos: un fenómeno argumental y un fenómeno documental contemporáneos, más el rescate de un hecho audiovisual no contemporáneo (…).

La existencia de estos cinco Cuadernos nos llena de orgullo , tanto por la calidad de su diseño y contenido como por la riqueza de sus perspectivas. Para la nación de naciones que es Colombia, nada mejor que una memoria diversa y capaz de representar su multiplicidad.”

Tras más de una década, la colección Cuadernos de Cine Colombiano – Nueva época ha conservado su forma y su espíritu, y se ha fortalecido: en el último lustro, la Dirección de Cinematografía del Ministerio de Cultura de Colombia se asoció a la iniciativa, y a paralelamente se creó la figura de “Editor invitado”, para tener siempre un especialista a cargo de cada uno de los títulos de la colección.

A medida que se desarrollaban los Cuadernos, muchas otras publicaciones se realizaron, entre las que se cuentan las estupendas 100 años Lumière: Retrospectiva de la obra documental de los grandes cineastas franceses desde Louis Lumière hasta nuestros días (1993), Kurosawa 101 (2012), Materia y cosmos: Las películas de Artavazd Pelechian (2012) Víctor Gaviria: 30 años de vida fílmica (2009), Jorge Silva y Marta Rodríguez: 45 años de cine social en Colombia (2008), Bogotá Fílmica: Ensayos sobre cine y patrimonio cultural (2012) y Nueva Cinemateca de Bogotá: Una historia del cine colombiano y de la Cinemateca Distrital (2014). Aunque en la Cinemateca Distrital hemos tomado la decisión de privilegiar el desarrollo de colecciones por sobre la edición de títulos aislados, es muy probable que en casos especiales se continúen editando libros extraordinarios como respuesta a oportunidades que podrían estar representadas en un patrocinador inesperado o un suceso extraordinario (la creación de la nueva Cinemateca de Bogotá, por ejemplo).

 

2012:

LOS CATÁLOGOS RAZONADOS, LA COLECCIÓN BECAS, PUBLICACIONES EN VIDEO Y EN INTERNET

PoéticasEn el año 2005, la Cinemateca Distrital (entonces parte del Instituto Distrital de Cultura y Turismo), inició su programa de becas de investigación, que desde entonces ha financiación una pesquisa anual sobre cine colombiano, y ha publicado esa investigación. En el año 2006 se editó el primer número de esa colección, que tiene muchos valores, siendo el primero de todos el ser resultado de una beca otorgada a través de un concurso público. La debilidad de esta colección estaba principalmente en su diseño: portadas carentes de creatividad con clichés cinematográficos como las líneas que imitaban cintas de cine, y un interior abarrotado de letras, con poco aire para los lectores y escasas imágenes. Precisamente porque se trata de una colección que se ocupa de temas audiovisuales y que es importante para la historia crítica del cine colombiano, Becas necesitaban una renovación completa en su diseño. Con esta intención se empezó a trabajar en el año 2012, y en el 2014 se publicó el primer título con nueva imagen: Cine colombiano: Cánones y discursos dominantes. En abril de 2015 se presentó el segundo título de esta renovada colección: Poéticas de la resistencia[12]. Dos investigaciones de contenidos necesarios que forman parte de bellos libros. No vale la pena hacer libros feos.

Siguiendo criterios en donde predomina el respaldo a la programación de la sala y la oportunidad, la Cinemateca de Bogotá como muchas pantallas alternativas del mundo ha hecho catálogos asociados a sus muestras de cine, títulos cuya existencia y diseño dependen tanto del material proyectado, como de la efeméride o el socio de turno. Es verdad que ha sido gracias a que se aprovecharon estas oportunidades, que la Cinemateca Distrital cuenta en su fondo editorial con títulos fascinantes como el de Artavazd Pelechian o el de Jorge Silva y Marta Rodríguez, para mencionar dos importantes casos, pero la oportunidad no puede ser el criterio dominante para la construcción de un fondo editorial: “La coherencia del catálogo es importante para que el público encuentre su camino. (…) El pasaje de la microedición a la edición profesional viene dado por esa toma de conciencia de que un catálogo se moldea y se construye para ser percibido, para ser comprendido, apreciado por su originalidad y su especificidad”[13]. A esta opinión del francés Colleu se suma la de editores como el italiano Roberto Calasso y otros, quienes opinan que cada título de un fondo editorial debe ser como el capítulo de una misma novela.

En muchos sentidos, la labor editorial de una cinemateca se semeja a la de una editorial independiente, o por lo menos de una editorial que pretende serlo. Decía Pierre Bordieu que existen dos clases de editoriales: las de ciclo corto que buscan retornos inmediatos de la inversión, y que para lograrlo minimizan los riesgos al adaptarse a las demandas de los mercados, aunque eso significa con frecuencia la rápida obsolescencia de sus productos, y “las empresas con un ciclo de producción largo, fundado en la aceptación del riesgo inherente a las inversiones culturales”[14]. Las primera editoriales satisfacen los gustos del mercado, de los lectores existentes, la segundas transforman el mercado, crean lectores con nuevos intereses. Ese proceso de transformar lectores es, como muchos otros que adelanta la Cinemateca, un proceso de formación de públicos.

Artes mediales imagen LFMAsí como no puede concebirse que la programación de una cinemateca o de una importante sala del circuito alternativo dependa esencialmente del material disponible en las distribuidoras locales, en detrimento de la formación de los públicos y realizadores, tampoco puede esperarse que su fondo editorial esté formado por objetos de formas disímiles y contenidos dictados por el azar. Por estas razones se creó la colección Cuadernos de Cine Colombiano – Nueva época en 2003, y en 2013 la colección Catálogos Razonados (con un apellido que trataba de marcar una diferencia con los catálogos previos, aunque todo buen catálogo implica el ejercicio de razonamiento sobre las obras curadas), cuyos cuatro primeros títulos fueron claros en reflejar las prioridades y estrategias de la Cinemateca: Daupará[15], Ciclo Rosa, CICLA y Artes mediales.[16] La Cinemateca Distrital de Bogotá existe para celebrar y explorar la diversidad.

Para preservar, circular y reflexionar sobre el patrimonio audiovisual colombiano, la cinemateca distrital también realiza publicaciones en Internet y en video: desde el año 2003 se creó la página de la Cinemateca (www.cinematecadistrital.gov.co) y todos los libros que se imprimen en papel, también se publican en PDF para descarga gratuita de Internet. En el año 2012 realizamos un experimento que por sus costos no hemos podido continuar: el de crear libros electrónicos con los Cuadernos No. 17A y 17B sobre cine y video indígena: Del descubrimiento al autodescubrimiento. Un libro electrónico es un espacio en Internet que aprovecha su presencia en línea: es una obra multimedial e hipertextual. Los Cuadernos electrónicos dedicados al cine y al video indígena colombiano no son archivos planos, son espacios que dan acceso a los mismos textos de las publicaciones en papel, junto con videos, archivos de audio y vínculos a páginas de Internet que enriquecen la navegación[17].

Desde diciembre de 2012 se inició el proceso de reformular la página de la Cinemateca Distrital. En 2013 se logró una alianza con la Alta Consejería de las TIC (que hace parte de la Secretaría de Gobierno) de la Alcaldía Mayor de Bogotá. Desde entonces se han venido desarrollando una serie de tareas de diseño y digitalización de contenidos, que se presentarán públicamente en el segundo semestre de 2015, como la nueva página de la Cinemateca Distrital de Bogotá, un espacio que entre otros servicios contará con información completa de las diferentes programaciones de la Cinemateca (tanto en su sede principal como en espacios asociados), información de las convocatorias y procesos en curso, una mediateca virtual que tendrá todo el fondo editorial de la Cinemateca, junto con otros libros y revistas digitalizados, afiches, fotos, archivos de audio y películas, y será una página que ofrecerá programas de formación en línea a través del aplicativo Moodle[18].

Para concluir estos párrafos sobre las publicaciones en Internet, es inevitable mencionar las redes sociales, que son herramientas de divulgación. Al finalizar el primer semestre del año 2015, el Facebook de la Cinemateca tiene 27.974 seguidores, el de la BECMA 3.372, y el Twitter de la Cinemateca 16.363.

Portada Ciclo RosaEn el año 2008 se inició un conjunto de publicaciones que tecnológicamente era impensable cuando se creó la Cinemateca: las colecciones de video. La primera selección de este tipo la publicó la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano (FPFC) con el apoyo de la Cinemateca Distrital, que en ese momento hacía parte de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño (dependencia de la Alcaldía Mayor de Bogotá que aparece como patrocinadora de la caja). La estupenda Colección Cine Silente colombiano de la FPFC incluye y filmes producidos en el país de 1915 a 1933, y tres documentales contemporáneos sobre ese período: Garras de oro (1926), Manizales City (1925), Bajo el cielo antioqueño (1925), Alma provinciana (1926), Archivo histórico cinematográfico de los Acevedo (1915-1933), Acevedo y hijos: por un arte propio (2006), La tragedia del silencio (1924), Los Di Domenico: Pioneros del cine Colombiano (2006), Madre (1924), Aura o las violetas (1924), Como los muertos (1925), 1897-1937: Cuatro décadas de cine silente en Colombia (2006), El amor, el deber y el crimen (1926).

En el año 2001, la Cinemateca Distrital de Bogotá cumplió 40 años de labores, y la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano cumplió 25. Con esos motivos, y en una primera edición que tuvo el patrocinio de la empresa Cine Colombia, se publicó la caja 40/25: Joyas de cine colombiano, que reunió 16 filmes, una variopinta muestra del cine nacional que incluye títulos realizados de 1930 a 2012, y que abarcan tanto materiales patrimoniales de la FPFC y la Cinemateca, junto con cintas financiadas a través de las convocatorias de la Cinemateca Distrital.

Movimientos Sociales - DVD 1En el año 2013, con la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano y por primera vez con Proimágenes Colombia, se publicó una caja de películas: Dunav Kuzmanich (1935-2008), el director chileno en el cine colombiano, colección que incluye un cuadernillo con información básica de los títulos seleccionados, un documental sobre Kuzmanich realizado por Javier Mejía, y cinco filmes dirigidos por Dunav Kuzmanich en Colombia, lugar que fue su segunda patria y en donde desarrolló la mayor parte de su obra. También con la FPFC, en el año 2012 se inició el proceso de creación de la caja Movimientos sociales a través del cine colombiano, el resultado de una investigación que se preguntaba en qué medida las imágenes en movimiento del país habían representado sus movimientos sociales (los movimientos por los derechos de la mujer, movimientos campesinos, estudiantiles, etc.), la respuesta audiovisual a esta pregunta se presentó en abril de 2015 e incluye tres nuevos documentales[19] que presentan el desarrollo histórico de los movimientos sociales desde la primera mitad del siglo XX, y lo hace con profusión de imágenes tanto del cine como de la televisión nacional. Estos tres documentales van acompañados de algunas obras completas que son emblemáticas en nuestro cine: una selección de noticieros de la familia Acevedo (de 1929 a 1946), el documental Chircales (Marta Rodríguez y Jorge Silva, 1972) y el argumental Canaguaro (Dunav Kuzmanich, 1981).

En el año 2012 se inició la publicación de dos colecciones de video que recogen los resultados de la estrategia Cinemateca Rodante: Videoteca Local y Cinemateca Rodante. Todas estas cajas incluyen una serie de títulos en DVD y un cuadernillo con la información básica de las obras seleccionadas.

Videoteca Local es el programa de preservación de la estrategia Cinemateca Rodante, actividad a través de la cual se han venido recopilando las obras de los creadores audiovisuales de las localidades de Bogotá del año 2004 al 2015. Todo el material recogido hace parte de la colección de la mediateca BECMA, y los mejores 50 a 55 trabajos que se encuentran cada año se publican en cajas de video para entregar a sus creadores, a bibliotecas públicas y a otras cinematecas. Hasta el momento se han publicado Videotecas con trabajos realizados en las localidades de Ciudad Kennedy, Suba y Ciudad Bolívar (en 2012), Usme, Fontibón, Usaquén, Rafael Uribe Uribe y Tunjuelito (en 2013), Teusaquillo, Santa Fe, Mártires, San Cristóbal y Puente Aranda (en 2014).

La colección de películas, Cinemateca Rodante tiene el nombre de la estrategia que le dio origen y recoge cortometrajes resultado de los talleres de formación para la creación. A la fecha se han publicado dos cajas, la de 2013 con 8 títulos (de las localidades: Ciudad Bolívar, Ciudad Kennedy, Usaquén, Suba y Fontibón), y la de 2014 con 9 títulos (de: Suba, Ciudad Bolívar, Rafael Uribe Uribe, Ciudad Kennedy, Usaquén, Fontibón, Tunjuelito y Usme).

CajaMayoloTodas estas cajas se distribuyen nacional e internacionalmente para que hagan parte de colecciones de universidades, centros cultuales, bibliotecas públicas, miembros de la Red de Bibliotecas Iberoamericanas de Cine (BIBLIOCI) y la Federación Internacional de Archivos Fílmicos (FIAF), y algunas colecciones alimentan programas de circulación de la Cinemateca como Cine para exportar, Salas asociadas y Salas aliadas.

En el segundo semestre de 2015 verá la luz una nueva generación de colecciones de video: Cine colombiano, una selección cuyo primer número está dedicado a Carlos Mayolo. Esta nueva colección incluye filmes recientemente restaurados y digitalizados en alta definición, se imprimirá en Blu-Ray y DVD, contará con subtítulos en inglés y un cuadernillo bilingüe, y estará acompañado por una página en Internet que ampliará las búsquedas de investigadores y público en general. Esta nueva colección es posible gracias a  la iniciativa de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, a los recursos del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico (FDC), y al trabajo de los equipos de la Fundación, de Proimágenes Colombia y la Cinemateca Distrital.

 

PENSAR LA CINEMATECA

COMO UNA EDITORIAL INDEPENDIENTE

En términos estrictos, esta cinemateca que hace parte del Instituto Distrital de las Artes (IDARTES) de la Alcaldía Mayor de Bogotá no puede ser una editorial independiente. Por definición es una institución estatal que desarrolla labores editoriales, es una editorial estatal, pero la independencia de una editorial no la define el tamaño, ni la fuente de los recursos, la define su razón de ser y sus decisiones.

Queremos entender la Cinemateca Distrital como editorial independiente en el sentido en que lo enuncia la declaración de los editores independientes de Dakar 2003: “Los editores independientes son los actores esenciales que permiten la difusión de las ideas, la promoción de los patrimonios culturales, la transmisión de los saberes plurales”[20]

Los gestores culturales de América sabemos, como lo saben los de otros continentes, que no es tan grande la distancia entre las realidades de la industria editorial y las de la industria audiovisual[21]. En ambos casos, la búsqueda de la diversidad y la calidad técnica, el respeto a valores estéticos y la defensa de los patrimonios culturales se enfrenta con similares obstáculos, y en ambos casos el perseguir esas búsquedas es fundamental para el desarrollo de una nación.

Mientras las editoriales privadas están sujetas al balance de pérdidas y ganancias, y se enfrentan al reto cotidiano de cumplir con su misión, y acumular junto al valor de marca, un capital económico que les permita fortalecerse, las editoriales estatales se enfrentan a las presiones que supone la búsqueda de capital político.

Los libros que importan son los que trascienden el tiempo, los que contribuyen a la construcción de la memoria de la humanidad y a expandir sus horizontes culturales. En la búsqueda de capital político, las editoriales estatales se ven obligadas, o se obligan a sí mismas, a hacer objetos de mercadeo y a hacer regalos políticos (cosa que de vez en cuando también le pasa a las editoriales privadas y a empresas que no son editoriales, por supuesto): toman la decisión de publicar por motivos ajenos a la calidad de la obra, o a la pertinencia de la misma en relación con una colección o las metas institucionales. Los libros de mercadeo son títulos que se editan para lograr la autopromoción masiva, con el típico espíritu de un equipo de ventas en una feria. Los libros como regalo político suelen ser homenajes indiscriminados, que buscan ganar la buena voluntad del homenajeado y sus aliados. No queremos que ninguno de esos dos tipos de libros haga parte de las colecciones de la Cinemateca, la búsqueda de capital político no puede ser más importante que la construcción de una memoria crítica del cine nacional.

Para concluir este relato de la historia de las publicaciones de la Cinemateca y de las decisiones que en este momento dan cuerpo a su fondo editorial, los dejo con este “decálogo” de nueve ideas que orientan las decisiones en la Cinemateca:

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Ideas que orientan la actividad editorial de nuestro equipo en la Cinemateca Distrital:

– El cine es arte, industria y expresión ciudadana. El cine es un lenguaje que existe en diversas ventanas y se materializa en diversos soportes y bienes culturales.

– La Cinemateca trabaja por la preservación del patrimonio audiovisual de la humanidad, con énfasis en el patrimonio audiovisual colombiano.

– Las publicaciones de la Cinemateca deben servir a la construcción de una memoria crítica.

– Las publicaciones de la Cinemateca parten de polifonías, aportes interdisciplinarios e intergeneracionales.

– Todas las acciones que el equipo de la Cinemateca desarrolla fomentan el trabajo en red.

– Se busca la construcción de colecciones, de proyectos interrelacionados.       

– El cine es TIC. Las publicaciones de la Cinemateca se sirven de los nuevos medios.

– Se investiga con rigor académico.

– Se busca que cada producto editorial sea bello, no vale la pena hacer libros feos.

 

 

NOTAS:

* Por Julián David Correa. Publicado en: Cuadernos de Cine Colombiano – Nueva época No. 22: Publicaciones sobre cine en Colombia. Ed. Ministerio de Cultura de Colombia y la Cinemateca Distrital – Gerencia de Artes Audiovisuales del Instituto Distrital de las Artes (IDARTES). Bogotá, 2015.

El Cuaderno de Cine Colombiano – Nueva época No. 22: Publicaciones sobre cine en Colombia, se puede descargar completo y en PDF del siguiente vínculo: http://www.idartes.gov.co/images/multimedia/cinemateca/publicaciones/2015/11-Noviembre/22.pdf 

[1] Julián David Correa Restrepo: Dirigió la Cinemateca Distrital entre el año 2000 y el 2004, y regresó a encabezar esta institución en 2012. Gestor cultural, escritor, crítico cinematográfico y realizador audiovisual. Tras la fundación del Ministerio de Cultura de Colombia, hizo parte del equipo que diseñó los programas de su Dirección de Cinematografía y coordinó el área de formación. Escribe para diversas publicaciones y ha sido jurado en festivales de cine como el de Cartagena y el de Berlín. Ha dirigido y presentado series de TV como “En cine nos vemos” y “Sin alfombra roja”. En el sector del libro y la lectura, ha sido Subdirector del CERLAC-UNESCO, Gerente de Literatura de la Alcaldía Mayor de Bogotá, y Coordinador de la Oficina del Libro del Ministerio de Cultura de Colombia. Ha asesorado y desarrollado proyectos culturales en distintos países de la región. Ganó un premio latinoamericano de cuento y uno nacional de guión. Su página personal: www.geografiavirtual.com

[2] Versión en inglés del libro publicado por FOCINE en 1987 y titulado: Filmar en Colombia.

[3] La Cinemateca siempre ha pertenecido a la Alcaldía, pero ha dependido de diferentes oficinas de la municipalidad: de 1971 a 1976 hizo parte de la Secretaría de Educación, de 1976 a 2006 estuvo adscrita a estuvo al Instituto Distrital de Cultura y Turismo, en adelante ha estado adscrita a la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte, en donde dependió entre 2009 y 2001 de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño y desde 2011 es parte del Instituto Distrital de las Artes (IDARTES)

[4] FOCINE (Compañía de Fomento Cinematográfico de Colombia): fundada en 1978 y liquidada en 1993.

[5] COBO BORDA, Juan Gustavo y Ramiro ARBELÁEZ: La crítica de cine, una historia en textos. Ed. Proimágenes Colombia y Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, 342p. 2011.

[6] Orlando MORA: La crítica de cine en Colombia. De la disección de un cadáver a la vida de un filme. En: Revista Cinemateca No. 10. Ed. Cinemateca Distrital del Instituto Distrital de las Artes. Bogotá, 2000.

[7] Como decía Luis Ospina en el documental que hizo Roberto Triana sobre Mayolo: “Nos cansamos de hacer crítica en una revista, y decidimos hacerla con Agarrando pueblo”.

[8] Cifras proporcionadas por el CERLALC-UNESCO.

[9] Se regresó al concepto original de la palabra “cine” que es la abreviatura de “cinematografía”, de “escritura con imágenes en movimiento”, sin importar si esas imágenes se capturan en material fotoquímico, magnético o digital, o se hayan desarrollado para la pantalla grande o para cualquier otra pantalla.

[10] CD ROM Descubriendo miradas: historia del cine colombiano y de la Cinemateca Distrital (1971-2003): disco que incluye cronologías, biografías, selección de textos sobre el cine colombiano y una docena de cortometrajes financiados por las convocatorias de la Cinemateca, entre otros documentos.

[11] Hoy Proimágenes Colombia.

[12] Ambos títulos se pueden descargar en PDF de: http://www.idartes.gov.co/index.php/artesaudiovisuales-multimedia/625-ebooks/becas-de-investigacion

[13] Gilles COLLEU: La edición independiente como herramienta protagónica de la bibliodiversidad. Ed. La marca editora. Buenos Aires, 2008.

[14] Pierre BORDIEU: Las reglas del arte: génesis y estructura del campo literario. Ed. Anagrama. Barcelona, 2002.

[15] La Muestra de Cine y Video Indígena en Colombia, DAUPARÁ (en Embera: El poder de ver más allá), fue concebida en 2009 por un grupo de comunicadores indígenas, activistas y documentalistas: Silsa Arias del pueblo Kankuamo y Alcibiades Calambás, ligados a la Organización Nacional Indígena de Colombia, (ONIC) y la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas (CLACPI), Marta Rodríguez de la Fundación Cine Documental; Carlos Gómez de la Fundación Cineminga; Rossana Fuentes del pueblo Kankuamo y Rosaura Villanueva, Daniel Maestre del pueblo Kankuamo y Gustavo Ulcué del pueblo Nasa; Germán Ayala de la Fundación Laboratorio Accionar; y Pablo Mora, documentalista. La Cinemateca se hizo socio del proyecto en el año 2013.

[16] CICLO ROSA: Muestra de cine LGBTI creada en 2001 por el Goethe Institut, el Instituto Pensar de la Universidad Javeriana y la Cinemateca Distrital, con la participación del Centro Colombo Americano de Medellín. CICLA: Cita con el cine latinoamericano fundada en el año 2013 por la Asociación de Agregados Culturales de América Latina en Colombia y la Cinemateca Distrital. ARTES MEDIALES: Catálogo que presenta conferencias, ensayos y programaciones audiovisuales asociadas a los seminarios de narrativas transmedia realizados por la Cinemateca en 2013 y 2014. Los PDF de todos los Catálogos se pueden descargar de: http://www.idartes.gov.co/index.php/artesaudiovisuales-multimedia/496-ebooks/publicaciones-2013

[17] Los libros electrónicos, Cuadernos de Cine Colombiano – Nueva época (17A y 17B), Cine y video indígena: Del descubrimiento al autodescubriento se encuentran en: http://www.idartes.gov.co/index.php/cinemateca-multimedia/282-ebooks/publicaciones-2012

[18] Para futuras referencias, el total de visitas en el primer semestre (1 de enero a 15 de junio de 2015) al micrositio de la Cinemateca Distrital que hace parte de la página de IDARTES es de 128.786.

[19] El Principio de la Rebeldía (1915 – 1960), Entre la guerra y la resistencia (1960 – 1985) y El inicio de la reconciliación (1985 – 2015), realizados por Enrique Garzón con la investigación de Gustavo Becerra Jurado.

[20] En: www.alliance-editeurs.org

[21] Buenos ejemplos de las semejanzas en las realidades de ambos bienes culturales, en cuanto a dificultades y soluciones, los presenta André Schiffrin en su libro Words & Money. André SCHIFFRIN: Words & Money. Ed. Verso. Nueva York, 2010.

 

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