Una charla sobre cine y erotismo

Una charla sobre cine y erotismo

CINE Y EROTISMO

Hacer crítica de cine es aplicar razones a un juego. No hay nada extraordinario en esto de levantar conferencias solemnes de algo que no lo es, y sin embargo, no podemos evitar que el pensamiento y las razones nos desborden y transformen todo lo que tocamos: somos una especie habitada por las palabras  y que hace discurso de todo lo que sueña y percibe.

Las personas que aman los árboles, salen de las ciudades para escapar de las cajas de cemento que ha levantado la razón, y caminan por las montañas, y penetran los bosques y después de embriagarse en sus olores, sacan sus libretas y empiezan a catalogar: “hojas lanceoladas, sesioladas y péciles, hojas enteras, trifoliadas y palmadas, hojas brácteas…”. El artista excitado hace una sanguina del hombre que lo arroba, o de los pechos de la mujer que desnuda. El botánico, el silvicultor y el Ingeniero Forestal hacen de su huída y su admiración un oficio, y todos ellos son como todos nosotros los cinéfilos: nosotros que hemos hecho del puro placer una cosa que pensamos seria y que llamamos “Crítica de cine”.

Se podría quedar uno en silencio en el bosque, de vez en cuando, y en horas de oficina salvar vidas, levantar puentes o alimentar al mundo.

Hacer crítica de cine es aplicar razones a un juego, porque no nos basta con jugar. Algunos, los más fuertes, los más radicales, los más convencidos de esta clericatura, se convierten en creadores de nuevos juegos: van del placer a la crítica y de la crítica a la creación, como los silvicultores que levantan bosques y como ellos, estos cinéfilos se hacen cinematografistas o gestores culturales. Otros críticos escriben con regularidad y rigor académico, y sin acariciar nunca una cámara buscan que sus palabras transformen al objeto amado (hacer crítica de cine es escribir cartas a un amor que no nos corresponde). Junto con los amantes activos y los amantes epistolares, hay amantes juguetones del cine, que lo dejan en su lugar de juego y se deciden por trabajos imprescindibles, y abandonan la búsqueda de excusas y solo quieren ir a cine a pasarla bien, entre amores, gozando de las películas sin un motivo diferente al que en el fondo todos tenemos: el goce erógeno que cualquier clase de cine nos provoca.

Eso es cierto y lo sabemos: la mayoría de los espectadores se queda en silencio en el bosque, y de vez en cuando salva vidas, levanta puentes o alimenta al mundo.

BNY con estas palabras, como jugando, hemos llegado al tema de este encuentro: cine y erotismo. Y con estas palabras he dicho que todo cine es erótico, todo, también la Blancanieves que Disney produjo en 1937 (y tal vez especialmente ella). ¿Cómo es posible que todo cine sea erótico? Para que nos concentremos en el juego les voy a revelar uno de los finales de esta conversación: porque así como todos estamos hechos de palabras y discursos, todos somos desde que nacemos, erotismo puro que se hace discurso en la piel.

Sigamos jugando con las palabras, y para hacerlo recurramos a algunos cementerios y desenterremos unas vértebras para hacer la columna de este discurso: escarbemos en algunos libros.

Empecemos por un diccionario que es un mausoleo mayor, el Diccionario de Psicoanálisis de Lapanche, Pontalis y Lagache (1968), que dice: “Eros: Término mediante el cual los griegos designaban el amor y el dios Amor. Freud lo utiliza en su última teoría de las pulsiones para designar el conjunto de las pulsiones de vida, oponiéndose a las pulsiones de muerte”.  Sí señor, tal como lo acaban de escuchar: si vamos a hablar de cine y erotismo, escarbemos primero en algunos libros de psicoanálisis, disciplina que por excelencia disciplinó los juegos, pero también al sexo, a los crímenes, a los sueños, a las artes y a los lápsus. Tal vez crean que recurro al psicoanálisis porque vuelve a estar de moda ahora que David Cronemberg nos ha traído su triángulo amoroso entre Sigmund Freud, Carl Jung y Sabine Spielrein, en ese filme tan lleno de palabras y tan escaso en cinematografía, en el que los sabrosos fuetazos que reciben las nalgas desnudas de la delgada Keira Knightley, resultan menos sabrosos con tanta habladera y con tanto ataque de histeria con mandíbula desencajada y dedos crispados (David Cronemberg: A Dangerous Method, 2011).

dangerous - k2No, no recurro al psicoanálisis por moda y en realidad no creo que la película de Cronemberg logre poner el psicoanálisis de moda o que pueda despertar la curiosidad por esa forma de investigación de la psique, recurro al psicoanálisis porque entre mi acervo de datos está el de haber estudiado el psicoanálisis con pasión, y el de creer que el psicoanálisis es por derecho propio una colección de palabras y razones que todo lo catalogan de manera lúcida, incluyendo al objeto de nuestra escopofilia: el cine.

Que gozamos con los ojos nadie lo duda. Ya lo había dicho Freud en su “Introducción al Narcisismo” (1914): toda parte del cuerpo es susceptible de “erogeneidad”, esa capacidad que posee toda región corporal de constituir la fuente de una excitación sexual, es decir: de comportarse como una zona erógena (las nalgas de la Spielrein y la mano de Jung son un buen ejemplo). Como todos en la especie somos discurso y erotismo, todo en nosotros se puede convertir en fuente de placer, la clave está en la manera como se ordenan las palabras y los recuerdos, la manera como se reescribe el cuerpo.

A estas alturas, todos estarán previendo que con esta charla no voy a hacer una enumeración de mis filmes eróticos favoritos, ni me voy a ir a los debates sobre pornografía, ni haré una historia del cine erótico en alguna parte del mundo. Todo el cine que he disfrutado en la vida es cine erótico, y lo colecciono junto con algunas palabras y algunos libros que en este rato en el que jugamos juntos quiero compartir con ustedes.

Todo cine es erótico y lo es en formas diversas y poderosas. De nuevo cito a Freud, ahora en su libro El Yo y el Ello (1923), el Eros se concibe como lo que tiene por fin: “… hacer compleja la vida, reuniendo la sustancia viva, disgregada en partículas, para formar unidades cada vez más extensas y, naturalmente, mantenerlas en ese estado”. Eso es el Eros en oposición al Tanatos, la pulsión de vida en oposición a la pulsión de muerte. Cuando se relee esta formulación de Freud bajo la luz de un proyector se descubre una clara similitud, una coincidencia entre el cine y el Eros. ¿No es el cine el arte que reúne todas las artes que lo preceden en una obra única? ¿No es el cine una experiencia de múltiples sentidos y discursos que discurren ante nosotros y dentro de nosotros transformando nuestra memoria y la manera como nos definimos? El cine es Eros.

Todo puede hacerse coincidir. Estoy jugando con las palabras, lo sé, pero ya lo sabemos: el cine es juego.

No es necesario que un filme nos haga inclinar la mirada hacia los genitales propios o hacia los de la vecina para que estemos ante una cinta erótica. Todo cine es siempre erótico en la forma más profunda posible, pero es la mirada superficial la que entiende erotismo como el cosquilleo del ADN que busca reproducirse, el que cree que solo las formas más obvias de sensualidad en el cine son las que hacen del cine un objeto o un vehículo del erotismo. El cine en su totalidad, sea como juego, como obra de arte o como lupa de científico, nos devuelve a nuestra esencia erótica y discursiva, nos devuelve a la situación de sentir y de emocionarnos, y de pensar en un todo y construir a partir de ello un nuevo cuerpo, un oficio y una razón para estar vivos.

 

Imágenes: Afiche y fotograma de la película de David Cronemberg A Dangerous Method (2011), y

fotograma de Snow White and the Seven Dwarfs (producida por Walt Disney en 1937)

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